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Paralizados por el miedo a innovar en la TV

Si los canales de televisión abierta en Chile fueran casas, la mayoría tendría sus ventanas con poderosas rejas, la puerta con doble chapa de seguridad y una potente alarma además de un perro guardián. Muchos realizadores y productores ejecutivos queremos la libertad de las ventanas abiertas y las puertas sin candados, pero también muchos directores y programadores actuamos como si tuviéramos miedo y buscáramos protegernos de un fracaso ¿Arriesgarse con algo novedoso y perder la inversión? No gracias. ¿Desproteger mi casa y dejarla a merced de los malhechores? ¡Por ningún motivo!

¿Acaso apostar por un producto televisivo lo más tradicional posible, mediocre, sin mayores vaivenes narrativos ni de contenido, sin “sorpresa”, predecible y de fácil “digestión intelectual” asegura el éxito? La respuesta es tajante: NO. Con mucha suerte nos asegurará “empatar” en nuestra contabilidad.

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No es posible que el temor nos paralice como pensadores y realizadores de TV. Inspirándome en la famosa paradoja de la foto de arriba, creo que no podemos perder la posibilidad de hacer TV que identifique a las audiencias por el miedo, precisamente, a hacerla y fallar.

¿Por qué realizamos programas de TV arriesgando lo menos posible con la consigna de “salvar la plata” y no de competir realmente? ¿Por qué son tan poquitos los ejemplos en la televisión chilena donde una buena idea a bajo costo da la pelea de igual a igual a producciones apoteósicas que deberían generar alta sintonía sólo por el hecho de haber invertido millones y millones?. Eso también es una paradoja.

Lo planteé en mi columna anterior “TV para la clase media” : “BASTA de comprar formatos de millones de dólares que, en casos muy aislados, logran recuperar la inversión. El que un programa haya tenido éxito en la TV pagada de otro país, no te asegura que acá triunfe”. Gastarnos una cantidad pornográfica de dinero en una producción NO ES SINÓNIMO de que será un éxito. Al revés: si un programa de bajísimo costo es novedoso, creativo, anichado en públicos jóvenes (de esos que se decepcionaron de ver TV por lo arcaico de su formato) quienes a su vez atraerán por su influencia a los targets comerciales un poco mayores, podría ser perfectamente un fenómeno.

Por eso creo firmemente que la TV NO VA A MORIR como dicen algunos. Sólo nos hace falta ser más creativos y adaptarla a una audiencia que es más exigente y se transforma día a día. Una familia de clase media puede tener menos ingresos que un ABC1, pero perfectamente podría ser más feliz y estar mejor constituida que ellos. Un programa puede tener la mitad o menos de los recursos económicos que su competencia directa, pero con ideas frescas, actuales, sobre todo creativas y sin miedo, podrá conectarse mejor con el público y tener una cita romántica, cariñosa y agradable con su audiencia en cada emisión. Porque las citas son de a dos. Y la TV también debe serlo.

Para finalizar. Necesitamos saber y reconocer que en TODAS las casas televisivas de Chile y el mundo existe un grupo de personas que quiere y puede innovar para las audiencias actuales. Lo más probable es que seamos incomprendidos y nuestros superiores “nos miren raro”. Pero -contrario a lo que podrías estar pensando en este momento- eso no es malo. Porque la primera señal de que estás innovando es que al principio nadie te entiende.

¿Estamos dispuest@s a sacarle las rejas a nuestras respectivas casas y que el miedo no nos paralice? Es difícil. Pero se puede.

¡Te espero para debatir!

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