Florentino y el Diablo, EL RETO.

Por Alberto Arvelo Torrealba

“Florentinto y el Diablo” forma parte de la Antología poética Muestra de poesía hispanoamericana del siglo XX

“La obra poética de Alberto Arvelo Torrealba se enmarca en el estilo del nativismo que despunta por la década del treinta: poesía de raíces tradicionalistas que se desenvuelve en el ambiente del hombre llanero, cuya inspiración sigue la vertiente del paisajismo lírico y las semblanzas criollas, ya sea en el soneto de forma clásica o en el romance. La naturaleza está siempre presente en su canto, ejerciendo un poderoso atractivo, tanto en la musicalidad de las estrofas, como en el ingenio del discurso. Si bien los temas de la agricultura ya tenían un valioso antecedente en un poeta como Francisco Lazo Martí, en Arvelo Torrealba la poesía cobra un sentido de humor recreativo que personaliza su mensaje, siguiendo muchas veces los lincamientos del contrapunteo folclórico del payador latinoamericano. Ese sentimiento está siempre a prueba en su célebre composición Florentino y el diablo”

EL RETO

El coplero Florentino

por el ancho terraplén

caminos del Desamparo

desanda a golpe de seis.

Puntero en la soledad

que enlutan llamas de ayer,

macolla de tierra errante

le nace bajo el corcel.

Ojo ciego el lagunazo

sin garza, junco ni grey,

dura cuenca enterronada

donde el casco da traspié.

Los escuálidos espinos

desnudan su amarillez,

las chicharras atolondran

el cenizo anochecer.

Parece que para al mundo

la palma sin un vaivén.

El coplero solitario

vive su grave altivez

de ir caminando el erial

como quien pisa vergel.

En el caño de Las Ánimas

se para muerto de sed.

y en las patas del castaño

ve lo claro del jagüey.

El cacho de beber tira,

en agua lo oye caer;

cuando lo va levantando

se le salpican los pies,

pero del cuerno vacío

ni gota pudo beber.

Vuelve a tirarlo y salpica

el agua clara otra vez,

ávido sorbo susurran

los belfos del palafrén;

dulce rosario destila

del empapado cordel;

mas sólo arena los ojos

en el turbio fondo ven

Yermo la frente, el suspiro

doblada espiga sin mies,

la savia ardiendo en la imagen

de nunca reverdecer,

mirada y rumbo el coplero

pone para su caney

cuando con trote sombrío

oye un jinete tras él

Negra se le ve la manta,

negro el caballo también;

bajo el negro pelo’e guama

la cara no se le ve.

Pasa cantando en romance

sin la mirada volver:

“En negra orilla del mundo

se han de hallar de quien a quien,

aquél que ve sin mirar

y aquél que mira sin ver”.

“Cuando esté más hondo el río

aguárdeme en Santa Inés,

que yo lo voy a buscar

para cantar con usté”.

“Soy retador de juglares

desde los siglos del rey.

Le sobra con esperarme

si me quiere conocer”.

Mala sombra del espanto

cruza por el terraplén:

hacia mármoles de ocaso

se alarga como un ciprés.

Jinetes de lejanía

la acompañan en tropel;

la encobijan y la borran

pajas del anochecer.

La palma en la luz agónica

centra pávido ajimez.

Florentino taciturno

coge el banco de través

Puntero en la soledad

que enlutan llamas de ayer,

caminante sin camino

resero sin una res,

parece que va soñando

con la sabana en la sien

En un verso largo y hondo

se le estira el tono fiel,

con su América andaluza

en lo español barinés:

“Sabana, sabana, tierra

que hace sudar y querer,

parada con tanto rumbo,

con agua y muerta de sed.

Una con mi alma en lo sola,

una con Dios en la fe,

sobre tu pecho desnudo

yo me paro a responder.

Sepa el cantador sombrío

que yo cumplo con mi ley

y como canté con todos

tengo que cantar con él”.

Alberto Arvelo Torrealba – Fragmento de Florentino y el Diablo, “El Reto”.
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