Un día

a Santiago Maldonado

Un día, podremos mirarnos a los ojos sin tener que bajar la mirada, derrotados por la vergüenza.

Un día, los pañuelos blancos dejarán de cubrir las cabezas y de enjugar lágrimas ajenas.

Un día, los hijos a los que le robaron sus padres podrán cuidar de sus restos y cada abuela acariciará a su nieto.

Un día, ya no habrá más una familia hurgando entre palabras inmundas y risas blasfemas buscando un hijo del que solo queda, vacío, el cuerpo.

Un día, podremos mirarnos sin sentir vergüenza.

Pero es de noche, el sol está lejos, y la luz está muerta.

Hugo Seleme