PSU

Este cuento lo escribí hace más o menos once años atrás:

***

El ensayo PSU de Matemática me pide un poco de atención. Me reclama que por qué estoy pensando tanto en ti. Sin anestesia me dispara sus dardos. Me dice que yo nunca fui nada muy trascendental en tu vida y yo le respondo herida, humillada y un poco enojada que las matemáticas nunca serán importantes en la mía.
Al menos — le digo con rabia — el ensayo de lenguaje me consolaba un poco con sus versos. 
Ante mi declaración, el ensayo de matemática no me perdona y en el próximo ejercicio de ecuaciones de segundo grado hace todo lo posible para que conteste mal.

Me resigno y omito. Si hay algo que nunca pude entender fueron las ecuaciones con esa doble indiferencia tuya. Sigo contestando, este ensayo no me va a ganar la guerra. En la pregunta número cincuenta no logro sacar el resultado aunque conozco de memoria el teorema de Pitágoras. La suma de tus besos al cuadrado es igual a la necesidad de tu amor al cuadrado.
Omito.

No importa tengo letales armas a mi lado. El certero lápiz número dos y una perfecta goma de miga que borra desde cálculos fallidos hasta pequeñas desilusiones. Me estoy sintiendo bien, voy ganando sucesivas preguntas o eso creo.

Batalla número setenta:

¿Cuál de estas afirmaciones son correctas?

I- Imaginar que me estas pensando pertenece al conjunto de números irracionales.
II- Pensar que me utilizaste pertenece al conjunto de números naturales.
III- Que la distancia que nos separa es negativa y que no hay inverso multiplicativo que nos una.

Batalla perdida. No sé nada. En realidad todas son correctas pero prefiero hacerme la tonta y omitir nuevamente.

Al final admito que la suma de nosotros fue siempre dos y nunca uno. Que nunca fuimos un conjunto ni siquiera un subconjunto, simplemente fuimos una intersección del universo, de tiempos pasados, que la raíz de este amor es igual a la necesidad de cariño.

Me canso y omito todas las preguntas sobre ti. Tu y el facsímil de matemáticas, ambos enemigos míos, ambos tan parecidos. Siempre igual de misteriosos y difíciles de manejar para mi.

Que uno es uno y que tu nunca me quisiste porque un filósofo griego aburrido lo dijo, es una verdad que tengo que aprender a no cuestionar.

Después de todo, el dolor y los doscientos puntos no me los quita nadie.