Psycho killer
Nov 5 · 2 min read

Admito que me gusta escribir. Aunque en realidad no se cómo y ni por qué escribir. Me pregunto a veces “¿por qué escribo si nadie me lee?”. Es que a veces pienso en frases que no tengo a quien decirle, como que todos tienen tu peinado pero nadie tiene tu voz, o que lo único que me gusta de tu nombre es que lo llevas vos.

Hace un tiempo me dieron la mano y mi mundo volvió a brillar y yo pensé que él era especial pero la verdad fue que solo estaba muy sola. Y ahora que ya me siento acompañada no me importa que me den la mano o no. No es que no lo aprecie si alguien lo hace, pero nadie ocupa ese lugar. El lugar que se le guarda a una sola persona, esa que te hace temblar. Y me siento (o estoy) fría. Pero yo sé qué generan en mí las caricias que me importan. Podría elaborar un manual sobre cómo intentar transformar mi amor para tratar de canalizarlo a través de mis manos hasta las puntas de tus dedos. Pero la realidad es que ya escribí ese libro y nadie lo ha leído. Tal vez vos ya lo hiciste pero nunca me lo dijiste y tampoco me vas a decir si estás leyendo esto. Hace mucho que no escribo para que me lean. De ser así ya habría dejado esto hace mucho. Yo escribo porque sana, escribo porque puedo, porque escribo.

Capaz que en dos meses cuando un nuevo año comience y yo tenga que volver a reflexionar sobre la clase de persona que quiera ser, descubra que en mi interior ya no queda el afecto que pensé que nunca se iría. Capaz que me de miedo y elija volver a escribirle al pasado que murió hace rato solo para sentir que hay algo, que no soy fría.

Capaz que en dos meses mis escritos sigan sin ser leídos y las caricias no hagan falta. Capaz falta mucho para que alguien me tome la mano como yo me olvidé que podían agarrarme.

Ojalá que no.

Estoy en proceso de convencerme de que no es difícil estar con alguien que siente tanto como yo. Ya descubrí que tengo miedo pero quiero dejar de tenerlo. Estoy pensando en que soy como el aire, no una carga. De que quizás pido mucho pero tengo paciencia, y sé que el otro puede dármelo si hay ganas. Y las personas con ganas existen (por más que siempre me encuentro con gente sin ganas y parezcan mayoría).

En fin, estoy muy cansada de que el calor de mis manos no sirva para nada. Me gustaría que sepas que estoy esperando usarlas.

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