Emprendedurismo social: forma o impacto

“…diseñe la empresa para generar el impacto deseado, y luego elija un modelo de negocios que la haga económicamente viable”. Stuart Candy

Hoy en día, es común ver personas recurrir al emprendedurismo social como vehículo para implementar soluciones a los graves problemas que aquejan a diversos sectores de la población. Prueba de lo anterior, es la existencia de iniciativas dirigidas a facilitar y abaratar el acceso al crédito a las artesanas en Bangladesh; las tendientes a incrementar los precios de venta del arroz para los pequeños productores en Tailandia; las que buscan mejorar la educación en Tics de las mujeres en América Latina; o las que buscan fomentar la alfabetización e inclusión de personas con discapacidad visual en Centro América. En estos casos, la motivación de los emprendedores va más allá de aprovechar una oportunidad de negocios en el mercado, más bien, su objetivo es diseñar un modelo de negocios que les permita impactar positivamente a la población objetivo, y a la vez generar los recursos necesarios para que la organización pueda mantener su impacto en el largo plazo.

A pesar de que algunos autores ubican iniciativas de este tipo desde 1883, y de que el término “emprendedurismo social” tiene más de 20 años de usarse en la literatura de negocios, aún son objeto de debate las características que diferencian a estas empresas. La polémica gira más en torno a su forma legal, que al estudio de su misión u objetivo. Por ejemplo, una postura aduce que éstas no pueden tener fines de lucro. Sin embargo, en la práctica hay emprendimientos sociales que usan, exitosamente, modelos de negocios con fines de lucro; mientras que otras cumplen su misión social como organizaciones sin fines de lucro; y, por último, algunas combinan ambas formas. De hecho, en el mercado existen inversionistas de impacto y aceleradoras que favorecen aquellos emprendimientos sociales que tengan modelos de negocios con fines de lucro.

Lo anterior ha provocado que los factores claves de éxito de estas empresas pongan menos atención en su forma legal, y se enfoquen más en medir el impacto que producen, las áreas geográficas que abarcan, y la medida en la que crean nuevos y más justos equilibrios sociales y económicos. En general, lo que se busca es que estos emprendimientos sean catalizadores de nuevas realidades sociales, a través de una intervención sistemática del statu-quo, y que el problema que sufre la población objetivo sea resuelto de forma sostenible en el largo plazo.