Nerea Isusi, Designer, Fjord Madrid

Voy a dejarlo claro

He estudiado tres años en escuelas de artes aplicadas, cinco en la facultad de Bellas Artes de Pontevedra, un trimestre en la de la universidad de Kingston, otro trimestre en la escuela de fotografía de la Universidad Politécnica de Cataluña, y mi trabajo de final de curso de Master en Dirección de Marketing y Comunicación no fue un Business Plan, sino un ensayo sobre estética para directivos y managers.

He buscado con insistencia el privilegio de trabajar con diseñadores visuales de la talla de: Wenceslao Sanz, Jorge Correa, Keko Ponte, Juanma Jiménez, Erik Ziegler o Quino Terceño, por citar algunos.

Todo esto lo puntualizo no para aumentar mi ego, que también, sino para dejar claro a quien no me conozca que la estética y la belleza son unas de mis obsesiones.

A través del estudio y de la práctica del diseño, sobre todo al lado de diseñadores tan brillantes, se que la estética es un elemento fundamental y crítico en el éxito de un proyecto, pero, a través de esa misma práctica he descubierto también que los ejercicios estéticos y la búsqueda de la belleza per se, poco o nada pueden mejorar de forma significativa la vida de la gente, personas que usualmente suelen estar instigadas por cuestiones mucho más simples y cotidianas.

Y es ese objetivo, mejorar mínimamente y en pequeñas cosas cotidianas, donde me he concentrado profesionalmente, me ha tocado trabajar, y nunca he intentado escapar de ello sino que más bien lo he buscado, en algunas de las áreas más áridas que he encontrado: Banca, seguros, inmobiliaria, telcos, grandes plataformas, entornos en definitiva que todos terminamos teniendo que emplear por una mera necesidad funcional, nunca por placer, nunca por propia elección. Y es ahí, y en pequeñas dosis, donde yo veo brillar el auténtico diseño, un diseño que no deslumbra, que es discreto y cuya mejor cualidad sería pasar desapercibido; facilitar al usuario completar esa transacción o gestión sin sobresaltos, sin miedo, sin frustración.

Eso es para mi hacer la vida de la gente un poco mejor, hacerlo discretamente y en obligaciones cotidianas poco atractivas. De hecho, ningún usuario reparará nunca en mi trabajo, y eso es bueno, muy bueno, solamente quien analiza números y estadísticas verá el resultado de mi trabajo: Mayor uso de las aplicaciones, menos quejas, más registros, menos coste de soporte, tareas completadas más rápido, etc.

Ahí es donde me convierto en un puente que en base a esos resultados para las organizaciones puede intentar influir en la forma en que se desarrollan los proyectos, dedicando más esfuerzo, inversión y atención a su estética.

Siempre voy a poner gran parte de mi empeño en los proyectos en intentar que se lleven adelante con la estética más adecuada y de la forma más bella posible, pero nunca para visibilizar el trabajo de un diseñador, nunca para crear algo decorativo, sino con el único fin de hacer productos más fáciles, más amables, más bellos, mejores.

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