Cannes Lions no es The Oscars. Pero para nosotros sí. Así se siente subir al escenario.

Cannes Lions es algo bueno.

Y necesario.
Y no va a dejar de existir. 
Se suba quien se suba, o se baje quien se baje.

La publicidad no va a dejar de existir. De hecho cada vez habrá más publicidad porque cada vez hay más media. Todo se está transformando en media. Pronto hasta nuestros propios cuerpos serán un media outlet.
Cuando las interfases se metan dentro nuestro a través de prótesis, wearables y neuro-enlaces, las marcas tendrán, tarde o temprano, la posibilidad de interactuar directamente con nuestros cuerpos.

No tiene sentido oponerse a la publicidad. Ni es justo.
Porque la publicidad paga por todo el contenido que disfrutás gratis.
La publicidad es un quid pro quo.
Cannes Lions, tanto como los otros festivales, es la prole orgánica de una industria que vive de hacer famosas a otras compañías. Tarde o temprano esa capacidad tenía que usarse para hacer famosas a la propias agencias.
Incluso me parece de mal gusto criticar a Cannes en Junio cuando tanta gente que se rompió el lomo (primero para generar una buena idea, segundo para convencer al cliente, y luego para salir a buscar presupuesto o favores con el afán de producirla e inscribirla), está ganando sus merecidos leones.
Su reconocimiento.
Prácticamente hoy, el único que existe en una industria golpeada por las startups, los innovadores, las nuevas tecnologías, los nuevos clientes, los nuevos fees, los nuevos modelos de negocio, la desintermediación de varios actores del ecosistema, los influencers, y casi, a esta altura, quien venga.

(Era obvio que iba a pasar, había mucho dinero en juego y la industria publicitaria fue bendecida por la endogamia por mucho tiempo, sin el riesgo de que nadie de afuera metiera las manos en su plato).

Ganar en Cannes es difícil y vale mucho. Cada vez menos en los hechos y más en los símbolos, pero ganar en Cannes merece ser celebrado. 
Cannes merece ser celebrado.
Somos muy aparatosos los publicitarios (excesivos, desmesurados, desorbitados), porque vamos de un extremo al otro. Hace 20 años nos rasgábamos las vestiduras porque salvo los Creativos, nadie valoraba Cannes y en general los festivales. Ahora que logramos que por el escenario de Cannes pasen presidentes, premios Nobeles, los cantantes y actores más famosos, líderes de opinión, gurúes de la tecnología, y casi quién se nos ocurra a contarnos qué piensan y para dónde va el mundo, ahora que logramos que los grandes clientes envíen equipos globales de marketing enteros una semana a Junio a escucharnos y aplaudirnos cuando subimos al escenario, ahora que logramos que incluso algunos encuentren una conexión natural entre un Gold Lion y la eficiencia comercial de su marca, ahora, justo ahora, lo queremos destripar.

Cannes no estaba bien antes y mal ahora.
Lo que pasa ahora es simple: antes esta industria tenía mucho dinero y ahora cada vez menos.
Ante un negocio en retroceso, sin claridad sobre el futuro, contra la espada y la pared, Cannes se volvió caro para los CFOs que ya no pueden pagar las cuentas.
Esto tiene que ver con los CFOs, queridos, no nos confundamos. 
No tiene nada que ver con los grandes clientes globales o con los publicitarios.
No nos dejemos aturdir por la bipolaridad y la desesperación de los grandes entramados de inversionistas que el año pasado te pidieron 5 leones y ahora te dicen que no vas a poder inscribir.
Hay que tomárselo a la ligera, cómo el equipo de David, que se llevó coronitas para tunear sus leones de Burger King (eso es tener confianza en uno mismo, carajo -lo divertido de la situación es que sólo se llevaron 20 coronitas, y que al segundo o tercer día de premiación ya se les habían acabado).

Porque esto es un juego.

Y es hoy, prácticamente, el único aliciente en un negocio en el que los clientes pagan cada vez menos, en el que la gente critica a las marcas cada vez más, y en el que ya prácticamente ningún talento joven quiere trabajar. Si matamos Cannes Lions, ¿qué mimo nos queda?

¿Qué respiro?

¿Qué estímulo, que señuelo o qué aspiración?

Sí, los festivales y particularmente Cannes están atravesando hoy un proceso inflacionario.
Hay mucho dóping, mucho trucho, mucha vaquita inflada en punto de engorde para ganar por ganar, porque los festivales, y Cannes especialmente, se volvieron un ISO ante la realidad devastadora de que pudiendo elegir entre una agencia con un overhead de 200 personas, que te pide un mes para trabajar y entregar un contenido de video que genera 5k views orgánicos, o un influencer que desarrolla el contenido en una semana, integra creatividad, producción y distribución, y genera 5M de views orgánicos, las marcas no dudan a quién elegir.

Pero ese es otro tema. 
Que haya demasiadas categorías, demasiados leones, demasiadas fiestas, demasiadas borracheras, y demasiado todo, es otro tema.
Abrí el cuadro. Zoom out. El mundo se volvió una hipérbole en el que antes las sociedades morían de hambre, y hoy por sobrepeso.
Lo que está mal no es Cannes. El tema es mucho más de fondo.
No escupamos para arriba. No matemos al cartero.

Cannes Lions es algo bueno.
Y necesario.
Y no va a dejar de existir.
Se suba quien se suba o se baje quien se baje.

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