La espera frente al mar

A veces conviene sentarse frente al mar en la noche y esperar.

Esperar a que esa persona llegue. Ya esperó demasiado como para irse, lo que además sería descortés. Cada segundo que pasa la acerca a usted. Espere un poco más.

Esperar el vehículo que lo conducirá a casa. Está en una ciudad pequeña, no puede rastrearlo. Debe confiar que llegará. O desconfiar y solicitar otro.

Esperar a que el pez muerda la carnada. A que pique el anzuelo que de forma sagaz le ha lanzado. Su espera es por gusto. La muerte del pez también. Piénselo.

Esperar a que el mosco muerda el anzuelo. En este caso, usted es el anzuelo.

Esperar hasta que todo tenga una razón. Su espera, sus labores, su existencia, este texto. Nada de eso lo tiene ahorita. Quizá nunca la tendrá.

Esperar respuestas. ¿Por qué está vivo/a? ¿Porque espera la felicidad? ¿Por qué se piensa la felicidad en pasado? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

Aún con todo, si siempre va a esperar, es mejor hacerlo frente al mar.