Japón, segunda vuelta (VI)

Shibuya, festivales y más tiendas en Tokyo.


Comenzamos el día con un buen desayuno, pasando del que había en el hotel para disfrutar de productos más locales y diferentes. No confundir con tradicionales, pues el desayuno típico japonés consiste en arroz, tortilla, pescado, verduras encurtidas, sopa… y nos apetecían cosas más dulces.

Saliendo desde Ueno, cogimos la línea Yamanote y recorrimos buena parte de su circunferencia para llegar a Harajuku. Allí, antes de ir a las callejuelas de tiendas, decidimos acercarnos a ver el santuario Meiji Jingu, en pleno parque Yoyogi. No nos habíamos percatado, pero el día 3 de Noviembre en Japón es el día de la Cultura. Había bastante gente en el templo y diferentes ofrendas de asociaciones.

Además, al ser el día de la cultura, el parque Yoyogi estaba lleno de exhibiciones de distinto tipo.

Primero, yendo al templo, encontramos puestos con lo que podrían ser ofrendas florales, con bonsáis y maquetas preciosas.

En el templo en sí había mucha gente vestida con ropas tradicionales haciendo diferentes ritos sintoístas, sacándose fotos, etc. Un placer tanto el templo como ver todo el gentío.

Saliendo del templo decidimos entrar a ver el parque y nos encontramos de lleno en exhibiciones de artes marciales, tiro al arco tradicional (kyudo), kendo… de todo. Y por gente de todas las edades.

Además había una carpa en la que vendían verduras (imagino que locales), un escenario en el que estaban haciendo una coreografía típica de anuncio de televisión japonés y más gente.

Lo más espectacular eran los arqueros con ropas tradicionales, aunque los señores mayores con katanas de verdad haciendo exhibiciones no se quedaban atrás. Y alrededor grupos que habían hecho alguna exhibición o iban a hacerla charlaban tranquilamente sentados en corros en el césped.

Tras tanto Japón tradicional, nos metimos de lleno en la otra cara de la moneda, en Harajuku. Zona de tiendas y adolescentes buscando la última moda, es un ebullidero de hormonas y extravagancias digno de visitar. Siguiendo la calle pasamos a la zona de Omotesando con sus centros comerciales y tiendas independientes, donde nos metimos en un bar que prometía unas hamburguesas de vicio.

No defraudó. Poco después nos desviamos a una cafetería de estilo parisino a tomar un café y unos pasteles. Con un ambiente recogido, una mesa de al lado cosmopolita hablando en inglés y unos dulces de muerte, recuperamos fuerzas para seguir el paseo hasta Shibuya.

De vuelta en la metrópolis, hicimos alguna compra (imposible evitar querer llevarse medio Japón a casa) y disfrutamos de la muchedumbre cosmopolita.

Para cenar nos metimos en la estación de Shibuya y fuimos a un restaurante de tempura, en el que nos atendieron dos mujericas de avanzada edad y cordialidad infinita.

Cansados del día completo, dimos un pequeño paseo y fuimos para el hotel a descansar, pues al día siguiente volvíamos a Kyoto y había que hacer la maleta.

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