Indignados digitales

Lo que «arde» es la calle y lo grita en la Red

Algunos despistados aún no se han dado cuenta, pero desde hace tiempo en España se le está dando la vuelta a las tortillas de la política, de los medios, de las instituciones y de los organismos públicos. Desde la monarquía hasta los líderes de los partidos, pasando por la Santa Madre Iglesia. Sólo hay que ver las repentinas salidas de la escena pública de gente tan poderosa como el rey Juan Carlos I, Pérez Rubalcaba o Rouco Varela. Asistimos a una vuelta de sartén a la sociedad en general que supura errores y excesos del pasado. La unidireccionalidad de los mensajes se ha evaporado/aniquilado gracias, en buena parte, a la poderosa irrupción de las redes sociales en nuestras vidas. Unas herramientas que, bien usadas, son altavoces de infinidad de personas hasta ahora silenciadas, calladas. Por eso hay tanto mensaje cruzado, tanto ruido, tanta descarga dialéctica ante la sangrante injusticia social. Las redes no «arden», no. Lo que «arde» es la calle y lo grita en la Red. Sin cortarse un pelo. Sin complejos.

El estallido social _que tantos «liberales» del buen vivir reclamaban de cara a la galería_ se manifiesta en el mundo virtual. Por ahora. La gente teclea y comparte cabreos, gritos e inquietudes. Desde el teclado exige y (a veces) consigue soluciones y dimisiones. Clama y proclama desde Twitter, Facebook, Google+… Incluso desde el spa socialmedia de Instagram. De los revolucionarios de calle hemos pasado a los indignados digitales, mentes inquietas que están hasta el puntocom de tanto jeta, chupóptero y trepa abrazafarolas. Razones cabreantes no sobran y me incluyo en ese continente de indignados on line. No hay día en el que no tenga que dar marcha atrás en cuatro o cinco tuits porque me paso de esa raya que separa el no decir casi nada del decirlo absolutamente todo, aunque duela. Pocas veces lo digo _mejor dicho lo grito_ y qué a gusto se queda uno.

Una gran democracia debe progresar o pronto dejará de ser o grande o democracia (Theodore Roosevelt)

El siguiente paso será que esa indignación saltará definitivamente a las urnas de unas elecciones generales, al voto directo, a la patada en el culo a los que no han hecho los deberes, que son mayoría. Luego culminará el relevo de una Generación Tapón que no ha sabido apartarse y que ha gestionado el malestar de un par de generaciones, la de sus propios hijos y nietos. Ya les vale.