El accionar ilumina el camino.

Llegué a un pueblo local.
Nevaba.
Les pregunté a los peatones lugareños su locación.
Uno la conocía y me paso el dato que precisaba.
Caminé hasta la dirección que tenía anotada.
Encontré el edificio.
Esperé que alguien saliera.
Entré.
Busque el departamento.
Lo encontré.
Le dije:
Hasta que no sepas quien sos, ningún lugar va a ser tu lugar.
Me dijo:
Antes que la indecisión, prefiero la decisión incorrecta. 
Le dije: 
Nuestro amor fue todo, menos duda.
Me dijo:
Sacate los zapatos y pasa.