El eco del rugido.
Y se largó a llorar en una mesa de una biblioteca pública.
Se le había entremezclado la expectativa con la realidad.
El exceso de futuro lo tenía así, levemente inestable.
Años de preparación se trenzaron con su formación.
Se acercaba el gran desafío y lo sabía bien.
Entre incertidumbre y ansiedad, se refugió en la confianza.
Pero no en la palabra, sino en esa que adquirió confiando.