Una buena excusa para volver a verse.

Salieron del taller de manga nippon rumbo a la estación central de trenes.
De casualidad, en el camino pasaron por una casa de revelado fotográfico.
Quedaron flasheados porque hacían revelado químico en papeles metálicos.
En ese barrio, estaba el imprentero de la maquina japonesa de los ochenta.
Se decía que era un punto medio entre serigrafía tradicional y fotocopiadora.
Aplicaba colores planos y permitía la superposición de tintas translucidas.
Todavía siguen extasiados.