Pensé en el suicidio, pero sentía un extraño cariño por mi cuerpo, por mi vida. Asustados como estaban, eran míos.

— Parte I:

Estás sentado en la mesa. Ya sabes que es hora de irse. Te has dicho eso a ti mismo un millón de veces. Pero ésta vez, sabes que es real. Estás cansado, estás simplemente muy cansado. Tus padres se desesperan y te molestan, como si la escuela/universidad no hubiese sido horrible hoy. En orden para irte, agarras un cuchillo o una pistola, o lo que sea que hayas elegido usar porque solo estas desesperado por irte. Estás listo.

Piensas en eso como si fuera un juego o algo por el estilo “el primero que muera, gana”. Nadie está en casa, es la mejor hora; y estás listo. Sabes que sino lo haces ahora, te miraras a ti mismo como un “cobarde” para siempre, te odiaras incluso más. Y es que nadie sabe, nadie realmente sabe lo que pasa contigo. Entonces, agarras un pedazo de papel y un bolígrafo o quizás un lápiz, te sientas en la silla mientras piensas que ya es hora de seguir otro camino, ya. Estás llorando, ya sabes que ya es hora, puedes incluso sentirlo.

Enciendes la grabadora y miras esa pequeña luz roja parpadeándote en los ojos, quieres decir algunas palabras… “Mamá, papá… Lo siento. No se porqué pero lo siento mucho. ¡Lo lamento! Simplemente ya no puedo hacerlo, ya no aguanto más. ¡Ya ni se quien soy! Me he dado cuenta que me he perdido y no soy capaz de encontrar mi camino de vuelta. Así que no se culpen, por favor no lo hagan. Los amo a ambos, por favor díganle a mis hermanos(as) que los amo, también. Tengan fuerzas y cuídense mucho. Los veré pronto.”

Le pides perdón a tu(s) mejore(s) amigo(s) porque sabes que ya no estarás ahí para ellos nunca más, especialmente cuando te necesiten más que nunca. Le pides perdón a todos en los que puedes pensar, incluso a ti mismo. Te pides perdón por ya no ser fuerte. Te pides perdón por derrumbarte. Pides perdón por ponerles ese inmenso dolor en sus vidas. Miras, una vez más a esa luz roja parpadeante… Mientras te levantas, suspiras la palabra “adiós”. Te levantas y apagas la cámara. Y en cuanto ves que esa luz se ha apagado, tu te apagas. Estas tendido en tu cuarto, el cual esta lleno de silencio.

Te has muerto. Te has ido. No hay vuelta atrás, ya todo se ha acabado. Ya no tienes que vivir en dolor, nunca más. ¡Pero todos los demás, si! ¿Qué van a pensar tus padres? ¿Que hay de tu hermano? ¿O de tu hermana? ¿Has pensado que van a hacer ellos? ¡Te has muerto! ¡Te has ido! ¡No hay vuelta atrás! ¿Acabaste con tu vida solo porque la persona que te gustaba solo te veía como amigo(a)? ¿Acabaste con tu vida solo porque ese profesor(a) solo te trataba mal a ti? ¿No se te ocurrió pensar que quizás el o ella creían que tu eras el/la único(a) que si tendría un futuro?

¡Oh no! Tus padres ya llegaron, te llaman y te dicen que ya llegaron, como siempre solían hacerlo. Pero algo está diferente, no les respondes. Se han percatado de que no les respondes, lo cual es extraño, ya que siempre respondías. Van a tu cuarto pensando que estás dormido, o te estabas bañando, o quizás que has salido. Tu mama abre la puerta de tu cuarto y grita hasta el tope de sus pulmones, se desmaya instantáneamente. Tu hermana o tu hermano escuchan el grito y van hacia ella enseguida y gritan “¡Papá ayúdame!” mientras va hacia ti y te golpea y te grita que te despiertes, que te levantes “¡Despiértate! ¡Ya basta, no es gracioso! ¡Despierta, por favor!” pero no respondes, no te vas a despertar.

Estás muerto, te has ido. ¡No vas a despertar! No hay vuelta atrás. ¿Lo notaste ya?

Tu papá va corriendo hacia ustedes y todo lo que puede hacer es mirar, mira como tu hermano(a) se mese de atrás hacia delante mientras te abraza. Ve la silla, ve la cámara, pero no es capaz de moverse. Está conmocionado y empieza a llorar. Tu papá nunca llora. ¡Nunca! Agarra el teléfono y llama a Emergencias y apenas siquiera puede decir “Mi hijo(a) se ha suicidado…” esta llorando desconsoladamente, mientras tu hermano(a) lo mira, él cuelga y tu hermano(a) va corriendo a abrazarlo llorando más fuerte que nunca. El o ella es demasiado joven para entender la situación completamente pero, sabe que te has ido. Sabe que te has ido y sabe, que sobre todo no vas a volver. Ya todo se ha acabado. Finalmente.

La policía al fin llega. Sacan a tu mama, a tu papa y a tu hermano(a) del cuarto. Y ahora, están sentados en la sala mientras los para-médicos sacan tu cuerpo y lo llevan hacia la ambulancia. Meten tu cuerpo en esa bolsa negra y te llevan. ¡Y ahí tienes! ¡Así de sencillo! En el pestañear de un ojo todo ha ocurrido y ya todo se ha terminado. Has muerto, te has ido y no hay vuelta atrás. Ya nada es lo mismo. Ya dos semanas han pasado desde ese trágico día y tu mama aún sigue mirando por la ventana la mitad del día. A veces, todo el día. Tu hermano(a) aún no regresa al colegio y tu papá tuvo que forzarse a si mismo para ir a trabajar para pagar las cuentas de TU funeral.

Creado: Jueves, 3 de Enero 2013. 
4:14 AM