¿Qué segunda Transición ni qué niño muerto?

De una forma u otra todos sabemos que la Transición democrática que vivió nuestro país a finales de los años 70 se caracterizó por una serie de acuerdos y consensos sobre el cambio de régimen político que acabaría siendo la democracia en la que vivimos hoy. Partidos de ideologías totalmente diferentes se sentaron y establecieron unos pilares fundamentales sobre los que se construiría, entre otras cosas, la Constitución y la Ley de Reforma Política que desembocó en el final definitivo del régimen franquista. Con la aparición de nuevas formaciones políticas durante estos dos últimos años, el cambio en la forma de hacer política y unos nuevos puntos de vista críticos, tanto desde la izquierda como desde la derecha, han hecho que desde prácticamente todos los medios de comunicación se haya catalogado a estas últimas elecciones como la segunda Transición. Los acuerdos, la pluralidad política y el consenso iban a caracterizar esta nueva legislatura plagada de caras nuevas y de nuevas formas.

Puede que el curso político como tal empezara ayer con el primer pleno del Congreso de los Diputados y del Senado, pero las conversaciones para posibles acuerdos se llevan realizando desde el día después de las elecciones con más o menos resaca de la noche electoral. Varios políticos, analistas y periodistas vaticinaban multitud de posibles acuerdos. El ‘pactómetro’ de Ferreras no daba abasto. Que si una gran coalición (PP-PSOE), que si coalición de derechas (PP-Ciudadanos), que si de izquierdas (PSOE-Podemos), que si de centro (PSOE- Ciudadanos), que si cóctel (PSOE-Podemos-Ciudadanos)… Un embrollo brutal. Y lo mejor de todo es que en ninguno de los casos daban los números de forma clara.

Ayer se formó la Mesa del Congreso y se nombró al Presidente de la misma cámara. La mesa está formada por cuatro diputados del PP, dos del PSOE (más la presidencia de Patxi López), dos para Ciudadanos y otros dos para Podemos (uno de estos es para sus confluencias territoriales). En la mesa del Senado cuatro sillas son para el Partido Popular, dos para el PSOE y otra para el PNV, cedida por los socialistas. Las formaciones de Iglesias y de Rivera se ha quedado fuera. Según Podemos, el PSOE ha decidido ceder su puesto de la Mesa a partidos minoritarios nacionalistas antes que negociar una entrada de la formación morada siendo la tercera fuerza de la cámara alta. Esto ha hecho tambalear los posibles futuros acuerdos que los socialistas y Podemos estaban dispuestos a firmar. Pero esto es algo totalmente insignificante. Existen otros motivos de más calado que no permiten el mínimo entendimiento de los dos partidos: el encaje de Cataluña en España, la reforma de la Constitución, la formación de cuatro grupos parlamentarios por parte de Podemos,…

Personalmente no lo entiendo. Pero más que nada, no entiendo a los socialistas. Hay un elemento que los medios no se han dignado a tratar, y es que no es lo mismo aceptar propuestas de otros que renunciar a lo que se había prometido. Hasta donde sabemos, Podemos exige que el PSOE acepte el referéndum en Cataluña, la formación de cuatro grupos parlamentarios y no sé qué otras cosas. Pero el PSOE le exige a Podemos que renuncie a todo esto. Si esto se hiciera realidad, se trataría de un engaño a sus electores y coaliciones territoriales. Está claro que Iglesias se ha plantado, no mueve ficha ni lo va a hacer. No puede renunciar a la consulta catalana porque gracias a esa alternativa a la declaración unilateral de independencia han ganado a CiU y a ERC en Cataluña en las generales. No pueden renunciar a los grupos parlamentarios de sus alianzas territoriales porque, por ejemplo, Compromís en el País Valenciano le puso una condición a Podemos para aliarse con ellos: tener grupo propio. Si al final la formación de Mònica Oltra no tiene grupo, Compromís puede tener una liada interna muy gorda (recordemos que Compromís ya es una coalición entre tres partidos valencianos). Hasta donde sabemos, Iglesias no le ha reclamado a Sánchez que renuncie a nada, porque al fin y al cabo comparten las mismas bases de izquierdas: las políticas sociales. Por otra parte, si Sánchez decide aceptar la consulta catalana, no serán sus electores los que se le echarán al cuello. Serán sus propios compañeros. Cosa que no entiendo. Hasta hace a penas dos años, los socialistas catalanes defendían la consulta como una alternativa real. Incluso el propio Sánchez lo defendió. No entiendo por qué ahora no. De todas formas, parece mentira que los políticos no se den cuenta que si al final se lleva a cabo una consulta en Cataluña (vinculante o no vinculante)… ¡saldría ‘no’! De esta forma los independentistas ya no tendrían otra cosa que abandonar la secesión y buscar un encaje diferente en el Estado español (como un Estado dentro de otro Estado).

En fin, que no veo claro que esto sea la segunda Transición. Tampoco los medios lo están tratando como tal. No están a la altura. Se sigue dando bombo a hechos que deberían ser totalmente normales, creando polémicas de donde no las hay y sacando titulares en portada que son más editoriales que otras cosas. Así no vamos. Cada vez estoy perdiendo más la esperanza de una regeneración periodística. Porque, al fin y al cabo, la regeneración política ya ha entrado en las instituciones. Pero para que la sociedad cambie, la prensa debe estar a la altura. Aunque no lo creamos, el control de la opinión pública la tiene los medios. Porque, a lo mejor a tí, querido lector, de clase media, joven (o no tan joven), con una carrera y una mente crítica, puede que la prensa no te influya tanto. Pero no estoy seguro de que la mayoría de los ciudadanos de nuestro país sean así.


Originally published at radiohimalayablog.wordpress.com on January 14, 2016.

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