Iglesia Para Todos
Desde hace dos días todo el mundo habla del Papa Francisco y su “revolucionario” gesto de perdonar a las mujeres que se hayan realizado un aborto. Muchos ven en la carta escrita por el sumo pontífice otro paso de la Iglesia para acercarse a la gente.
Nada más alejado de la realidad.
En primer lugar, el perdón que anuncia Bergoglio es para las mujeres que se “arrepienten de corazón” de haberse practicado un aborto. Según estas palabras, a Dios le importa tres carajos si a vos te violaron, quedaste embarazada y decidiste interrumpir tu embarazo o si lo hiciste porque tu vida corría peligro. Ni hablemos de si abortaste porque sentías que no era el momento correcto para ser madre. A esas, el averno.
El perdón a las arrepentidas no es más que otra humareda marketinera como aquella fumata bianca de 2013 en la que el sudamericano fue electo como un guiño tercermundista para captar nuevo socios al Catolic Fútbol Club (?) en tiempos de evolución hacia el ateísmo.
Cabe recordar que hace un tiempo el Papa Francisco también le abrió los brazos eclesiásticos a la comunidad gay a la que había pedido declararle una “guerra de Dios” cuando se buscaba aprobar la Ley de Matrimonio Igualitario en la Argentina y él todavía se hacía llamar Jorge.
En nuestro católico apostólico y romano país estamos tan embelesados con la figura del Papa argento que hasta los legisladores que abogan por la despenalización del aborto celebran este indulto a las “pecadoras” y se ilusionan con llevar el tema al Congreso.
Lo que parecen olvidarse es que lo que sucede en el Parlamento no es una cuestión religiosa sino política.
Francisco será un amor pero con la biblia no se gobierna. Para eso está la Constitución.