Colonia

Llegamos desde Hannover con una escala en un pueblito por una extraña petición que tenía Jorge: su tío le pidió un cuchillo de acero de Solingen. Supuestamente en esa zona hacen los mejores cuchillos del mundo y el acero es del mejor de Alemania. El día anterior cuando veíamos el mapa encontramos que Solingen nos quedaba casi de paso en nuestro camino para Colonia. Al llegar al pueblito, le preguntamos a un albañil donde podíamos comprar un cuchillo y sin dudarlo nos dio las indicaciones para llegar y anotó el nombre de la calle en un papel.

En un edificio de varios pisos que no coincidía con el día soleado, encontramos el local donde comprar el cuchillo. La curiosidad nos llevó a preguntar sobre los mejores cuchillos que tenían y nos mostró un par que superaban los 1400 euros. Puedo dar fe de que eran muy filosos, porque al segundo que agarré me hice un cortesito en el dedo. Contentos de poder haber cumplido con un pedido algo complicado, seguimos camino para Colonia.

Lo mejor de esta ciudad fue que nuestro paso por la misma fue disfrutándola como si viviésemos ahí. El primer día — como turistas — fuimos a ver la catedral que es impresionantemente alta y tiene un estilo gótico muy marcado, luego dimos vueltas por el paseo comercial. Luego nos dedicamos a disfrutar de un fin de semana con buen clima en una ciudad con parques hermosos.

Tal cual definimos como política de convivencia, los domingos serían domingos con todas las letras sin importar del rincón del mundo en el que estemos. Siempre es bueno tener ese día para descansar de viajar, que en algunos casos puede ser cansador, sobre todo cuando las incomodidades son prolongadas. Definimos que el domingo tiene que ser para un buen almuerzo con sobremesa prolongada continuándolo con la tarea de no hacer nada. En Colonia, todo esto significó unos buenos pollos a la parrilla con ensalada mixta, acompañado con unas botellas de vino de Francia y Portugal. Y aunque nos haya faltado el postre, fuimos al parque a sentarnos un rato al sol y patear una pelota.

Entre el almuerzo y el parque nos hicimos de amigos alemanes que nos dejaron cargar agua para la motorhome y después le dimos una clase sobre cómo preparar y tomar mate, y le dejamos uno de regalo por la atención que tuvieron con nosotros.

Ese domingo aprendimos una lección importante sobre Alemania, y es que se toman los domingos muy en serio. Luego de recorrer 4 o 5 supermercados, pudimos corroborar que los supermercados están cerrados los domingos y que en este país no trabaja nadie por ley, con algunas excepciones como la gente que trabaja en los restaurantes o bares. Quizás lo que piensan es que alguien no merece trabajar el domingo solamente porque otro no se organizó para hacer las comprar durante la semana.

Destinamos el lunes a hacer las compras y diligencias que debían ser realizadas, desde hacía varios días que teníamos problemas con la heladera y en Colonia teníamos un lugar para llevarla a revisar. Se trataba de una concesionaria de caravanas de otra marca, que también usaban heladeras de la misma empresa que la que tenemos nosotros. Ahí pudieron localizar que el problema era el sensor de temperatura que estaba roto. Estas heladeras funcionan a batería cuando el motor está encendido, a corriente cuando la caravana está enchufada a 220V en algún camping o a gas todo el resto del tiempo. Al estar averiado el sensor de temperatura, el tablero de control daba un error y parpadeaban las luces. Fue un alivio poder dar con las personas que solucionarían el inconveniente, ya que la heladera es uno de los artefactos que no está bueno que se rompan, sobre todo cuando salvan la comida de todos los días. El problema con el arreglo fue que deberíamos esperar dos días hasta que llegue el repuesto.

Al día siguiente fuimos a Leverkusen para la primera visita técnica, que sería en Bayer. La empresa es mucho más que aspirinetas, con más de cien mil empleados y ventas de 43 mil millones es la empresa más valiosa en la bolsa alemana. La visita fue apenas protocolar ya que hicimos un paseo por el centro de comunicaciones que tienen para presentar la empresa a los visitantes y fue decepcionante que no hayamos podido entrar a alguna de las plantas. A mí no me interesaba ver la planta y no tenía expectativas muy altas, así que encontré provechoso aprender sobre la empresa y lo que hacen. Aunque fue mucho más lo que aprendí cuando nos fuimos de ahí, con el reporte anual de la empresa. El reporte de sustentabilidad y financiero está muy completo y es una clase magistral de cómo debe hacerse un buen reporte.

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