Café frío

Me desperté alterado, algo transpirado. Había tenido una de esas pesadillas horribles, en las que tu cuerpo se queda inmóvil y te sentis indefenso dentro de tu propio mundo. Me costaba entender de quien era el rostro de la persona que estaba pidiéndome ayuda. Por su ropa intuí que era una adolescente, pero no me podía concentrar en su rostro. Sus gritos me aturdían, pero no lograba comprender que estaba diciendo, o en que idioma lo hacía.

Me levante a servirme un café, y vi que estaba ya listo pero la entropía había hecho que se enfriaría. Puse la taza a calentar en el microondas y descubrí de reojo, en la heladera, una nota.

“Enseguida vuelvo

fui a comprarte algo

para qué desayunes

Te amo, vicky”

Pause el microondas y esperé a que vinieras para desayunar. La noche anterior no habiamos podido hablar nada. Te habías dormido con la televisión encendida y el gato en los pies.

Esperé mas de una hora y media y no regresaste. Me crucé a la despensa del frente, donde comprábamos siempre. Había autos de la policía, un tumulto de gente y una señora que entre sollozos repetía: “se la llevo una camioneta blanca”

En ese instante supe que eras vos, que no te vería físicamente jamás. Tus fotos y esa nota eran lo único que no me habían podido arrancar.

Ahí caí en la cuenta.

La chica de mi pesadilla pidiendo auxilio, eras vos.

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