El detalle del instante
Alejandra Valdés y Alexis Perepelycia nos enfrentan a la verborragia de nuestra época en su nueva obra híbrida 45 grados. Reflexión en movimiento sobre nuestra capacidad de dialogar con el otro, ponen en escena dos cuerpos aturdidos soportándose, tejiendo el relato a través de una fusión de lenguajes multimediales.
Un cuarto sin muebles. Una tela de plástico está colgada en la pared del fondo del cuarto.
Un colchón y objetos están tirados por todas partes.
Luz rojiza dando una atmósfera apocalíptica.
Zumbido aturdidor de máquina.
Entran dos cuerpos luchando. Un hombre vestido con una remera y una calza blanca. Y una mujer con un calzón negro y una musculosa negra.
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DIÁLOGO
“CLOV: ¿Para qué sirvo?
HAMM: Para replicarme.”*
Hemos quedado tan obsesionados por nosotros mismos que nos hemos olvidado del otro. O mejor dicho de lo que para el otro representamos. De a poco, dispositivos se ocuparon de conectar nuestros cuerpos. ¿De qué vale comunicarnos con el otro si algún aparato lo hará por nosotros?
De a poco el calor de éstos nos escaldaron. A tal punto que nuestra cabeza quedó desprendida de nuestro cuerpo. Ahora sólo nos queda entregarnos a un juego de fuerzas en el cual uno tendrá que dominar al otro. De la forma que sea. Será luchando, respaldando u oponiéndose.
Esta dominación se volverá obsesión. Una obsesión que suele llamarse amor. Un amor hecho Narciso, en el cual necesitamos del otro para existir. Funciona como un sostén, sin intención de hacer de esta “relación” un diálogo. Sólo solicitamos su presencia para alimentar nuestro propio monólogo.
Así, entre palabras, sonidos y movimientos, los protagonistas de 45 grados van conviviendo en un espacio, soportando la presencia física del otro. Es lo que los incentiva a seguir en acción.
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Se abrazan.
Ella lleva una máscara y un vestido hechos de pedazos de plástico, toscamente cortados.
Se cae.
El lleva un traje ajustado, como una especie de uniforme.
Empieza a tocar una guitarra dispuesta en el colchón tirado en el costado izquierdo del cuarto.
Del instrumento salen sonidos eléctricos y mecánicos, casi aturdidores. De fondo suenan voces lejanas, como proviniendo de una radio. Los ruidos se chocan haciéndose música.
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RUIDO
“HAMM: Reflexione, reflexione, usted es de este mundo, no tiene remedio. […] (Pausa. Violentamente.) En fin, ¿qué espera usted? ¿Que la tierra renazca en primavera? ¿Que en el mar y en los ríos abunden peces? ¿Que en el cielo todavía haya maná para imbéciles como usted?”*
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Frente al pupitre aseveran que somos presos del “impulso de querer todo, de querer más y de no saber decir no”. Y de repente no es más el monólogo de dos cuerpos abrazados que tenemos frente a nosotros; sino también ruidos acumulándose, imágenes de una especie de película de lo real estropeado.
Ya no se sabe a qué prestar atención. ¿A dónde miramos? Hemos llegado a tal aturdimiento que tal vez solo nos quede detenernos en algún detalle del instante.
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Los cuerpos se mueven con intensidad.
Ella baila un especie de ritual tribal de la era tecnológica… en desecho.
Los sonidos se intensifican.
Las imágenes proyectadas se hacen cada vez menos distintas.
Suavemente la atmósfera va ganando calma.
Ella se sienta junto a él, al lado del colchón. Empieza a contar recuerdos de una infancia que parece añorarse.
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Tal vez sea este detalle del instante el que nos podrá volver a conectar con lo real. Para eso tendremos que modificar la escucha, lograr identificar el silencio, lo melódico que emana de este. Habrá que prestar especial atención a esta peculiaridad que tan naturalizada tenemos y ya pasa desapercibida.
De esta manera, en este paisaje emocional volverá la calma y sentiremos de nuevo. Veremos al otro. Hasta quizás dialogaremos. ¿Será que así podremos tener la esperanza de conectarnos de nuevo con lo humano?
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Los sonidos se hacen cada vez más armoniosos, como si todo se estaría ordenando nuevamente.
Se tranquiliza.
Ella puede finalmente intentar pararse. Tambalea.
Por momentos vuelve a tomar intensidad.
De nuevo la calma.
El la para. Luego, la tumba en un abrazo.
La deja como ida en una ensoñación.
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SIEMPRE
“HAMM: No puedo abandonarte.
CLOV: Lo sé. Y no puedes seguirme.”*
De acto en acto, dudamos. Podríamos estar siendo espectadores de las secuelas del apocalipsis de lo humano. Pero unos instantes después estamos tentados a pensar que tal vez la obra este en proceso, sin desenlace. Se nos puede ocurrir también de que no existe remate, ni final feliz para satisfacer nuestro afán por darle un sentido culminado a todo. Sino que acaecería la continuidad de un acto infinito entre seres que no pueden ni abandonarse, ni seguirse. Resignados a esta lucha de fuerzas para existir y sumisos a un “futuro que nunca llegará”. Tal como en un círculo vicioso.
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El sale del cuarto caminando por donde llegaron.
Pausa.
Ella se levanta. Ordena algunos objetos.
Sale caminando por el mismo lugar que él.
Zumbido aturdidor de máquina.
Luz rojiza dando una atmosfera apocalíptica.
En la tela de plástico quedaron marcadas palabras.
RATA. PRESO/A. SE DILATA. AMOR-TE. SEXO. DIÁLOGO. EL RUIDO. SIEMPRE.
* Extractos de la obra Final de Partida, de Samuel Beckett