“Que las lagrimas sean caudal que arrasa”

Natacha Ferrer
Aug 23, 2017 · 3 min read

Camino para el centro de Rosario, muchas mujeres pasan vestidas de negro. ¿Será que justo hoy presto más atención a la vestimenta de las transeúntes? Deseo creer que cada una de ellas abrió su ropero por la mañana acongojada y determinada. Que poniéndose el funesto uniforme se sintió aun más convencida de la necesidad de poner el cuerpo.

Hoy, las mujeres de Argentina paran su cuerpo, ponen su cuerpo en marcha hacia el punto de encuentro. Unifican sus cuerpos para gritar una misma consigna: ¡Vivas nos queremos! Sin poder creer que tuviésemos que llegar a tal reclamo.

***

A menos de una semana del Encuentro Nacional de Mujeres, las argentinas se volvieron a encontrar con dolor y bronca. Trescientas rosarinas auto-convocadas se organizaron en una asamblea en pocas horas. Voluntad que se vio repetida en ciudades de todo el país. Ellas hablaron, se enojaron (juntas), propusieron, consensuaron. Compañeras habían sido violentadas y apagadas. Otra vez. Otra vez teníamos que salir a pisar el asfalto, aún caliente, para exigirnos vivas. Porque habían ocurrido más femicidios que días pasados en el mes.

***

Pilotos y camperas negras se empiezan a disponer en una columna fúnebre, pero no callada. Numerosos carteles dan el tono de la marcha que va a escoltar por trece cuadras la bandera del Ni una menos.

Qué ganas de ser pared para que te indignes cuando me tocan sin permiso[1]

Aparecen caras de mujeres recordadas. Avanzan cuerpos y rostros pintados. De rojo. Cantan voces que mañana se levantarán gastadas de tanto reclamar. Bombos y platillos marcan la cadencia de una muchedumbre de mujeres, que muchos hombres decidieron acompañar.

Éste miércoles, la marcha parece un poco más caótica. La caravana rompiendo fila, desbordando de la calles y veredas, como apresurándose para llegar al punto final. A ver cuántos somos esta vez.

La diversidad de personas que hay. Es impresionante. La diversidad de bellezas”, escucho atrás mío.

La masa auto-convocada es heterogénea, como siempre. Pero esta vez, la llamada “representación” alcanzó a mayores consciencias. Las redes sociales lo demostraron. Muchos de los defensores y acusadores de las pintadas se unieron bajo una misma foto de perfil. Formaron una misma comunidad en los hashtags #Nosotrasparamos, #Vivasnosqueremos y #Niunamenos.

“Que las lagrimas sean caudal que arrasa”[2]

Escucho gritar. Ninguna consigna. Sino un grito que hiela la sangre. Los pasos se detienen y mujeres en bolsas gritan. Son casi una decena. Les duele. Tienen miedo. Se las sienten desesperadas. Sus piernas manchadas de rojo se retuercen. Se debilitan y caen.

Lentamente intentan pararse de nuevo en tacos coloridos para seguir marchando.

Más tarde, vuelven a sufrir. Para todas nosotras. Tres chicas las bañan en un líquido espeso color sangre, dejando huellas en las escaleras y paredes de los Tribunales Provinciales.

Acá nos quedamos, usando lo que nos queda de voz. Agitando nuestros cuerpos con fervor. Los que quedan cantan al unísono antes de despedirse:

“Ni una más, ni una más

Ni una asesinada más

Ni una menos, ni una menos

Porque vivas nos queremos”

Hoy, más que nunca nos quisimos libres y vivas. Nos volvimos a nuestras casas convencidas de que estábamos tan sólo en la hora nocturna del sol.

“Las mujeres, ante tal fenómeno, expulsaron las imposiciones, las costumbres y las creencias, en un acto sutil y desequilibrante fuga, rompiéndolos principios vitales, adentrándose en la bravura del oleaje”[3].

[1] Leído en un cartel

[2] Leído en un cartel

[3] Descripción de la obra La hora nocturna del sol

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