2. Sucedió en un ensayo

Estaba en el camerino platicando con mis amigos, tenía 13 años y menos de 1 estudiando teatro en la Casa de la Cultura. Nos llamaron para presentarnos a un nuevo grupo de compañeros: Alejandro era uno de ellos. Bajito, pálido, extremadamente amable, era bailarín de un ballet de quinceañeras, lo que en 2002 era igual a ser la sensación, pero parecía no importarle demasiado. Él tenía 16; el clic fue inmediato.

No habían pasado ni 3 clases y me preguntó (sí, se usaba) si quería ser su novia: por supuesto. Yo no había tenido novio y decirle a mi mamá fue la cosa más accidentada de mi historia hasta entonces, pero accedió. Quedaba otro contratiempo: nunca había besado a nadie, y sinceramente me aterraba hacer el ridículo. Siempre escuché las historias de primeros besos de mis amigas y unas eran dulces, otras amargas; aprendí lo todo lo que pude y no estaba lista para la mía.

Era 28 de noviembre. Ensayábamos una pastorela con unas mamparas blancas haciendo de escenografía. Detrás de éstas, el techo se inclinaba, así que sólo había bancos como de escuela, en desorden y en penumbra; los que no queríamos ver las escenas de otros nos sentábamos allí, y dio la casualidad de que en cierto momento sólo nos sentamos Alejandro y yo. Hablábamos casi en secreto; yo me cuidaba de no acercarme demasiado: no me fuera a querer besar y entonces sí cómo. Igual lo intentó. Una: no. Dos: tampoco. Tres: me sujetó la cara suavemente y por fin me besó.

A pesar de todos los detalles que recuerdo de mi vida en general, no tengo registrado lo que pasó o hice exactamente. ¿Lo bloqueé desde ese instante para no sobreanalizar? ¿me dejé llevar tanto que no puse atención? Nunca lo sabré. Lo que sí sé es que fue una sensación linda que me duró muchos días. Me acuerdo de que cuando abrí los ojos advertí que una chica nos veía sonriendo con bastante ternura: seguramente nos veíamos tontos porque, hasta donde supe, también fue su primer beso; quizás también por eso no resultó violento para mí.

Me cortó ni un mes después (espero que no haya sido por besar mal), pero nos seguíamos viendo en las clases y jamás dejó de ser amable. La foto es del día de la presentación de la pastorela.

Curiosamente, en la Casa de la Cultura de Monterrey conocí a 5 de mis 6 novios, en diferentes épocas de mi vida y haciendo cosas distintas (talleres, grabaciones; al tercero lo conocí estando él sobre el escenario durante una función), y creo que el dichoso primer beso no pudo ocurrir en un lugar mejor.

El año pasado recibí un friend request de una chica (muy guapa) con un nombre extranjero. Como no tenía idea de qué podría tener qué ver conmigo fui a su página, abrí la foto de perfil para ver si la conocía: era Alejandro vestido de mujer.

Esta es la segunda entrega del ejercicio antipoético propuesto por Javier Molinero. Prometo decir siempre la verdad, a menos de que las instrucciones indiquen lo contrario.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.