Opinión: Neoliberalismo y feminismo sin contenido

Por Natalia Riquelme Campos

El concepto patriarcado aparece por primera vez como lo entendemos hoy en el año 1970, cuando Kate Millet lo acuña en su libro “Política Sexual”. En él, ella plantea que el patriarcado está en el centro de la concepción que tenemos de las relaciones sociales: no se reduce a lo puramente económico, así como tampoco a los aspectos culturales o simbólicos, se extiende a todos los aspectos de la realidad humana. Entonces, podríamos definirlo como una estructura, un sistema que es político, económico, cultural y social, en el cual los hombres tienen los privilegios y pueden ejercer dominio sobre las mujeres.

El feminismo es entonces la respuesta a esa forma específica de opresión y explotación. Según Simone de Beauvoir, es una manera de vivir individualmente y luchar colectivamente. En su obra “El Segundo Sexo”, Beauvoir reconoce que la historia de la humanidad ha estado marcada por el androcentrismo. Esto quiere decir que todos los aspectos de la humanidad han girado en torno al hombre, porque la historia ha sido escrita por ellos mismos. En ese sentido, habrían sido los hombres los creadores de lo que hoy por hoy se entiende por lo femenino: una construcción social que ha sido impuesta a las mujeres. La frase “no se nace mujer, se llega a serlo” plantea esta idea.

Pero en el siglo XXI, luego de un desarrollo histórico-teórico de los preceptos principales del feminismo, nos encontramos con que hay muchos feminismos, no solo uno. Podemos decir que existe el feminismo socialista, el radical, el anarquista, el comunitario (desarrollado por Julieta Paredes y María Galindo, fundadoras de Mujeres Creando de Bolivia), entre otros. Pero la intención de este ensayo es analizar y proponer las distintas consecuencias que puede traer para las mujeres la masificación de un “feminismo” neoliberal. Y yendo más allá, cabe preguntarse ¿puede el feminismo ser neoliberal?

Durante los últimos años, en Chile y el mundo las mujeres se han descubierto como sujeto político y se cuestionan el rol que ocupan en las sociedades. No solo en Europa las mujeres se han manifestado, también ha pasado aquí, en Amércia Latina e incluso en lugares tan lejanos -y extremos con las violencias hacia las mujeres- como lo es medio oriente. En EEUU y otros países con diáspora africana, el feminismo negro ha cuestionado la invisibilización que ha tenido la mujer negra en la historia, apelando a su triple opresión como mujer-negra-pobre, visibilizando el racismo incluso entre las feministas blancas y buscando su reivindicación como sujeto en la sociedad.

Sin embargo, si nos proponemos hilar más fino, esta “era de las mujeres” (como la llama Angela Davis) está en un momento clave: se debate entre la profundización de sus contenidos en busca de la transformación estructural de la sociedad, y el volverse un producto de consumo que ha sido cooptado por el neoliberalismo. Esta es la tesis que se desarrolla en este documento. Al capitalismo neoliberal le sirve todo lo que llega a las masas, porque puede sacar ganancias y acumular capital en base a ello. Si nos enfrentamos a un momento en donde el tema es tan convocante, ya que hoy tiene el interés del consumidor, hay que venderlo.

La clásica imagen del “Che” ha sido la más reproducida de la historia.

Ya ha habido experiencias de este tipo en la historia. En el contexto de la Guerra Fría, cuando las dos superpotencias disputaban la hegemonía mundial (EEUU con su sistema capitalista y la URSS con el socialista), Latinoamérica vivió un proceso de politización, en el cual varios países vivieron revoluciones sociales. Algunas, como Chile, decantaron en dictaduras orquestadas por la CIA y EEUU (el desarrollo del concepto de “enemigo interno”, la Escuela de las Américas y la Operación Cóndor). Sin embargo, hubo otras que resistieron al imperialismo y continuaron la vía socialista que no perduró en otros continentes con la expansión del capitalismo neoliberal de EEUU. El más claro ejemplo es lo ocurrido luego de la Revolución Cubana, en donde destacaron el que posteriormente fuera el presidente, Fidel Castro, y el dirigente político-militar argentino Ernesto “Che” Guevara. Se instauró un Estado Socialista que continúa hasta el día de hoy. Podríamos decir entonces que en ese país “triunfó” la revolución y el socialismo. Pero desde entonces, el neoliberalismo ha vivido un proceso de expansión imperialista en el mundo entero. Y nuestro continente tampoco fue la excepción. Hoy, los países de Latinoamérica finalmente han adoptado políticas neoliberales, en mayor o menor medida, y el sueño de la revolución socialista recorriendo el continente ha sido transformado en un producto de consumo. Es decir, fue vaciado de contenido al convertirse en una mercancía fabricada en serie: la imagen del “Che” ha sido la más reproducida de la historia.

En el artículo Feminismo y Neoliberalismo en América Latina, Verónica Schild analiza desde una perspectiva latinoamericana lo descrito por Nancy Fraser sobre el feminismo en épocas de libre mercado y Oenegización. Plantea que en el contexto del surgimiento de la segunda ola del feminismo en 1960, hubo una convergencia entre ciertas formas de feminismo y los objetivos del capitalismo neoliberal de la época:

“Estos objetivos fueron «resignificados». La crítica feminista al economicismo evolucionó hacia un hincapié sesgado en la cultura y la identidad, desligadas del anticapitalismo; el ataque al concepto androcéntrico de varón proveedor fue asumido por la «nueva economía», que recibió de buen grado el trabajo remunerado de las mujeres, que permitía ampliar la tendencia hacia una mano de obra flexibilizada y de bajos salarios y normalizaba la familia con dos proveedores. La crítica del feminismo a la burocracia podía alinearse con el ataque neoliberal contra el Estado y la promoción de las organizaciones no gubernamentales (ONG) (…)

(…) En contraste con el «ama de casa» de posguerra típica de los países de la OCDE, las latinoamericanas trabajaban en su mayoría –ya fuese en la tierra o como empleadas domésticas–, mientras las mujeres de la elite eran liberadas del trabajo doméstico por sus criadas. El desarrollismo fue incapaz –en buena medida, por la ausencia de una reforma agraria redistributiva– de mitigar la pobreza y la desigualdad que sustentaron la militancia de la década de 1960 en la región.”

Emma Watson, embajadora de buena voluntad de ONU Mujeres.

Si aceptamos que la historia es cíclica, podríamos estar frente a un nuevo momento de disputa entre una transformación estructural y una nueva modernización del neoliberalismo. Bajo este escenario, el movimiento feminista debe tener claridades y saber dotar de contenido sus reivindicaciones, porque si estas no tienen la profundidad ideológica y política necesaria, el feminismo será cooptado y vaciado de significado a la medida del mercado: será fagocitado por el sistema económico imperante, anulando su capacidad de-constructora y transformándola –nuevamente- en un producto de consumo y en políticas públicas neoliberales que no van a la raíz del problema.

Esta “igualdad de género” light, mercantil y condescendiente con el aparato estatal y con los empresarios, busca posicionarse en este momento de auge del feminismo, pero no tiene interés en cuestionar las desigualdades de la sociedad de clases ni sus instituciones, tampoco pone en tensión al régimen político de la heterosexualidad obligatoria, ni al racismo institucionalizado, ni al imperialismo. Porque intrínsecamente está centrado en las necesidades de un grupo minoritario de mujeres privilegiadas: europeas, blancas, de clase alta, heterosexuales y hegemónicamente bellas (delgadas, depiladas, etc). No considera la multiplicidad de opresiones que experimentan las mujeres de todos los continentes. Este “feminismo” neoliberal no le sirve a todas las mujeres, solo a las que ya tienen privilegios. Aquellas mujeres que pueden liberarse del trabajo en el hogar porque le pagan a otra mujer más pobre para que lo haga, empresarias que toda su vida han tenido acceso a las oportunidades, a las que buscan altos cargos directivos en la vida política y empresarial.

La propuesta, entonces, es el feminismo interseccional. La revista Derechos de las Mujeres y Cambio Económico de la Association for Women’s Rights in Development define así a la interseccionalidad:

“Aunque todas las mujeres de alguna u otra manera sufren discriminación de género, existen otros factores como la raza y el color de la piel, la casta, la edad, la etnicidad, el idioma, la ascendencia, la orientación sexual, la religión, la clase socioeconómica, la capacidad, la cultura, la localización geográfica y el estatus como migrante, indígena, refugiada, desplazada, niña o persona que vive con VIH/ SIDA, en una zona de conflicto u ocupada por una potencia extranjera, que se combinan para determinar la posición social de una persona. La interseccionalidad es una herramienta analítica para estudiar, entender y responder a las maneras en que el género se cruza con otras identidades y cómo estos cruces contribuyen a experiencias únicas de opresión y privilegio.”

Si se quiere disputar el sentido común para volverlo feminista, los análisis y perspectivas deben partir de la base de que hay más de un sistema de dominación en juego. Sabemos qué es el capitalismo, incluso antes de que se desarrollara la matriz ideológica marxista. Ahora se está empezando a cuestionar profundamente al patriarcado, pero también existe una estructura colonial que configura al racismo como otro sistema de dominación. Un feminismo que no cuestione al sexismo, al racismo y al capitalismo no puede ser profundamente transformador, y difícilmente puede ser considerado feminismo si entendemos este concepto como la “liberación de todas las mujeres”.

Protesta de la agrupación ucraniana Femen.

Ha habido feministas a lo largo del mundo que han criticado la posición que han adoptado los feminismos en Europa, los cuales han protestado a torso desnudo, por ejemplo. Pero el problema nace en realidad cuando esos torsos desnudos -solo de mujeres blancas, delgadas y atractivas según las convenciones sociales- se adjudican el único método de transformación de la realidad y cuestionan a la mujer musulmana con burka, por “no luchar contra su opresión”. Feministas creyentes del islam han criticado duramente esta posición, ya que el hecho de usar una vestimenta que es propia de su cultura y religión no las hace menos feministas que las que protestan a torso desnudo. Apelan a una realidad situada que no está siendo entendida. Ellas también están luchando desde su contexto específico. El patriarcado tiene sus formas específicas dependiendo del contexto en que se desarrolla y por lo tanto, no podríamos cuestionar las formas que las mujeres adoptan para luchar alrededor de todo el mundo contra el patriarcado. Esos feminismos de mujeres blancas, del primer mundo, de clase alta y heterosexuales son feminismos de mujeres con privilegios que han sido ganados a costa de la opresión de otras mujeres subalternas en otros puntos más álgidos del globo. No todas las mujeres somos iguales.

Bibliografía

- Simone de Beauvoir, 1949. El Segundo Sexo. Francia: Debolsillo.

- Angela Davis, Patricia Hill Collins, Sojourner Truth, Ida Wells, Carol Stack, Hazel Carby, Pratibha Parmar, Jayne Ifekwunigwe, Magdalene Ang-Lygate, 2012. Feminismos negros. Una antología. España: Traficantes de sueños.

- Verónica Schild, Octubre de 2016. Feminismo y neoliberalismo en América Latina. Nueva Sociedad, N°265, 1–18.

- Nancy Fraser, 2015. Fortunas del feminismo. Del capitalismo gestionado por el estado a la crisis neoliberal. . Revista de Ciencia Política, 36, 1–6.

- Mara Viveros, Octubre de 2016. La interseccionalidad: una aproximación situada a la dominación. ScienceDirect, 52, 1–17.

- Association for Women’s Rights in Development, Agosto de 2004. Interseccionalidad: una herramienta para la justicia de género y la justicia económica. Derechos de las mujeres y cambio económico, N° 9, 1–8.

    Natalia Riquelme Campos

    Written by

    Proyecto de Periodista - Feminista y Libertaria

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