La Justicia de Platón

Platón vivió en un período de tiranías, guerras y luchas políticas en Atenas. Fue un periodo muy inseguro y al crear la Teoría de las Formas encontró bastante consuelo de la situación que estaba sucediendo a su alrededor. Para él, el estado perfecto era un estado que se asemejara lo más posible al Mundo de las Ideas. Su gobierno ideal era inmutable y debía ser dirigido por sabios filósofos. Para él el cambio alejaba de lo perfecto y divino a las personas. “Todo cambio social significa corrupción, decadencia o degeneración”.

En esa época las ideas de igualdad y democracia estaban revolucionando Atenas. La autoridad de Atenas estaba cambiando y esto afectaba seriamente a los aristócratas. Las familias que siempre habían tenido el poder estaban perdiendo el control. Y esto sucedió gracias al empoderamiento que adquirieron los atenienses en el comercio con otros lugares y las comunicaciones. Cada vez estaban más informados y dependían menos de las soberanías. Y esto alteró el estado tribal del cual todos estaban acostumbrados. Fue un momento crítico en donde Atenas estaba buscando nuevas formas de ser gobernada. Por estos motivos Platón escribió “La República”, para representar cómo creía él que debía ser gobernado el estado.

Platón era un historicista. Los historicistas creen que una acción política inteligente sólo es posible una vez sea determinado el curso futuro de la historia. Platón creía en la ley del destino histórico, la ley de la decadencia; pero también creía que la voluntad del hombre podía superar estas leyes. Con la facultad de razón y un buen líderes, las personas podían salir del curso degenerativo de la historia.

Para Platón el mejor estado, el estado perfecto, es aquel que se halla libre del mal del cambio. La ciudad debía procurar ser lo más parecida a la ciudad de la edad de oro en un estado detenido. Y sólo aquel estado que velará por esto, era digno de ser llamado un estado justo.

La ciudad ideal debía ser dominada por los más sabios y más parecidos a los dioses. Los sabios deben guiar, los más fuertes deben gobernar, y los esclavos seguir sin refutar. El poder se concentraba en sólo una persona y la voluntad de ella definiría la vida del resto. Quería un estado autoritario en donde las clases o castas estaban bien definidas y en donde todos cumplían el papel para el cual nacieron. La ironía es que Platón odiaba la tiranía.

Platón pensaba poco del hombre. Sus ideas retratan a las personas como individuos decadentes y no autosuficientes. Por eso el estado debía estar por encima del individuo, porque solo el estado era capaz de mejorar la imperfección de las personas. En virtud el estado ideal es el individuo perfecto, en tanto que el ciudadano individual es consecuentemente, una copia imperfecta del estado.

El estado de Platón aspiraba a la Justicia. Pero la concepción de Justicia de Platón es distinta a la libertaria. Para él justo es todo lo que interesa al estado perfecto. Decía querer igualdad para todos, pero esta sólo podía ser adquirida si se recalcaban las diferencias y las personas se mantenían en sus clases. Él no creía que todas las personas tuvieran el mismo valor, y esto lo representaba en metales: oro, plata, bronce y cobre. Los artesanos, esclavo o gente de bronce y cobre, estaban encargados de cubrir todas las necesidades económicas de la ciudad, pero no podían ser educadas más allá del oficio que se les asignaba. Los gobernantes eran de plata. Y los sabios, benevolentes gobernantes, era de oro.

El estado de Platón sería justo para pocos. Sólo el filósofo rey puede goza de libertad en su vida. El resto está a la merced de la voluntad ajena. Platón era un aristócrata y estaba perdiendo a la Atenas que su familia estaba acostumbrada. Escribió “La República” con la intención de instruir cómo debían ser gobernadas las personas. Tristemente, a través de la historia la humanidad ha adoptado su filosofía sin cuestionar, o incluso discernir, la ética personal con el autoritarismo que buscaba imponer en todos.

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