La Ley de la Libertad

Lord Acton, un historiador liberal, decía que el fin político más alto era la libertad. No creía que la libertad era el fin último, ni debía ser el fin de todos, porque reconocía que cada persona tenía una escala de valores distintos. Aunque sabía que sí la libertad era el objetivo de la política, esto le permitiría a las personas alcanzar cualquier fin que se propusieran. Y sólo el liberalismo, el cual su propósito es la libertad política, le permitiría a las personas vivir de ese modo.

Los libertarios del siglo XVIII centraron la libertad en el individuo, lo que significaba que nadie, ni gobernantes ni el estado, tenían potestad de obligar a una persona a hacer algo en contra de su voluntad. Muchas personas nunca habían tenido el privilegio, tal vez ni siquiera eran capaces de imaginar, de que su voluntad fuera la más importante al tomar decisiones sobre su propia vida. En el pasado sólo la voluntad de los monarcas era válida, podían imponerla en vidas ajenas con facilidad. Pero con esta nueva ideología todas las personas eran dueñas, libres y responsables por su propia vida y sueños.

A pesar de que la libertad es un principio moral basado en nuestra naturaleza, los libertarios peleaban para que ella se volviera ética y universal. Trabajaban para crear leyes que la protegieran y fomentarán. Hoy en día todavía lo hacen.

Si la libertad era aceptada como ética, cada ser humano podía florecer y vivir acorde a su moral, siempre y cuando no violara el derecho de los otros a hacer lo mismo. Si la base de un gobierno fuera el derecho a la libertad individual no existirá un monopolio de poder. Porque los libertarios notaron, a través de la historia, que el poder corrompe, por eso buscaron y crearon métodos para descentralizarlo de una sola persona. Previendo que los gobiernos malos no causasen mucho daño. Por eso descentralizar el poder es crucial para que cada persona viva su libertad y pueda tomar las decisiones cruciales sobre su vida.

Para que las personas puedan ser libres necesitan responsabilizarse sobre las consecuencias de sus acciones. Los gobiernos por temor a los errores de las personas buscan absorber estos errores. Pero al hacerlo ganan más poder y control sobre los individuos privandolos de su libertad. El equivocarnos también es un derecho individual, siempre y cuando se asuman las consecuencias de la acción. Aunque pocos lo vean así fallar es un privilegio porque sin errores no hay aprendizaje, crecimiento ni nueva tecnología.

El mundo es gobernado por ideas y la idea en la que cree más gente es la idea que triunfa.Por eso la educación de los principios libertarios es crucial para que las personas se enriquezcan y vivan en bienestar. Porque la pelea hacia la libertad debe nacer de un sentimiento fuerte pero fundado en razón, para comprender el precio y valor que conlleva vivir la justicia de la libertad en responsabilidad.

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