MINIMALISM O LA VIRTUD DE TENER POCAS COSAS

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Minimalism: A Documentary about the Important Things es un documental de 2016 dirigido por Matt D’Avella el cual, a partir del seguimiento de la gira editorial de los autores Fields Millburn y Ryan Nicodemus, cuestiona los hábitos consumistas contemporáneos y su compatibilidad, o falta de, con la búsqueda de la felicidad. Si bien es claro respecto a que la acumulación de objetos no lleva a la vida plena, no hay una postura contundente respecto a cuáles son aquellas cosas de las que uno debería deshacerse para garantizar una vida feliz.

Lo que podría ser considerado como el “boom” del consumismo inició después de la Segunda Guerra Mundial, y lo sabrán bien aquellos que hayan convivido con sobrevivientes de guerra, nació en esa generación un deseo de acumular todo lo que se pudiera como si en estos estuviera la seguridad de que no volverían a perderlo todo. Sin embargo, pareciera que, en lugar de que las nuevas generaciones buscarán la manera de sustituir esa acumulación por la búsqueda y consecución de un entorno pacífico el consumo no sólo creció, sino que se convirtió en consumismo. Bien señaló Bauman en Vida de Consumo (2010) “Pasamos de vivir para trabajar, a trabajar para consumir”.

A finales de los sesentas grandes filósofos y sociólogos cuestionaron el comportamiento humano alrededor del consumo y todas las esferas que han evolucionado a partir de éste: el trabajo ya no era una mera cuestión de realización personal sino una vía para comprar más cosas, incluso parece preferente el tener un empleo que implique una larga jornada laboral si al final está la recompensa en una gran cantidad de dinero que, al no tener tiempo, sólo sirve para consumir; la moda pasó de ser un estatuto de la personalidad, de la elegancia, o incluso de comodidad, para ser un ámbito de presión que luce infinito y nos lleva a seguir las 52 temporadas de moda que ahora se muestran en los aparadores, aunque parezca irracional el creer que por un simple cambio de tonalidad la playera que llevamos puesta ya es inadecuada; incluso convertimos a las familias y redes sociales en un espacio más para presumir lo que consumimos; el sentido de las bodas, en las que uno obtenía varios objetos que implicaban la tranquilidad y quitarse el peso de encima de tener que comprar “utilidades” hoy es el tener una fiesta en la que uno sabe que recibirá una inmensidad de objetos desechables que pronto tendrá que sustituir con nuevos y en realidad no nos importa, de hecho parece que nos agrada la idea pues así siempre estamos a la vanguardia.

Gilles Lipovetsky en la Estetización del Mundo (2015) señala un segundo aspecto del consumismo que pasa desapercibido, las propiedades de la belleza y de la estética hoy se la aplicamos a los objetos que consumimos y de los que nos deshacemos fácilmente, buscamos lo bello en las tiendas y ya no en el arte o la naturaleza.

Uno de los temas centrales de este documental es el estrés que genera esta vida de consumo: sea por tener más o por llevar a cabo lo que fuese necesario por conseguir tener más impidiendo la realización personal y la consolidación de la agencia individual. En ese sentido muestra casos reales de personas, incluyendo los que escribieron el libro sobre la vida minimalista y que inspiran esta producción, que renunciaron a su cómoda vida adinerada para encontrar esta verdadera vida cómoda. Pero las repercusiones del consumismo, sólo tocadas rápidamente por esta película, pueden verse en un segundo documental: True Cost (2015) de Andrew Morgan que registra cómo estamos dañando al planeta con este afán de tenerlo todo, cuántas personas sufren trata de personas para que podamos obtener prendas relativamente baratas semana tras semana. Sea por la felicidad, justicia social o cuestiones ecológicas parece que el esquema capitalista en el que estamos viviendo es insostenible.

Se podría decir que el mayor mérito del documental sean dos cosas: la primera es transmitir este mensaje sin causar un estrés brutal, pues en la mayoría de los autores y materiales que denuncian lo mismo el usuario se siente apremiado y nervioso sobre la responsabilidad que le corresponde en la consolidación del mundo consumista, en este, en cambio, hay una invitación a cambiar; el segundo gran acierto es que no es ni radical ni juicioso, no hay un mensaje en el que diga que inmediatamente uno debe renunciar a todo lo que le genera un apego, ni siquiera dejar de coleccionar algunos objetos, sino valorar lo que uno tiene y jerarquizar cuáles son las cosas verdaderamente importan en esta vida, sin suponer que quienes disfrutan su quehacer en una oficina no puedan ser felices, o quien se dedique a la moda esté destinado a la tragedia, al final, como dice el documental, no hay una receta de qué hemos de desechar y qué hemos de conservar, esa es una evaluación que cada uno debe hacer.

Definitivamente la experiencia de ver Minimalism: A Documentary about the Important Things lleva a plantearse la necesidad de un cambio, de buscar la felicidad no en las rebajas sino en relación con los otros, con la naturaleza y con el mundo. El aprender que no hay un solo objeto en el mercado por el que valga la pena sacrificar la existencia detrás de horas y horas de trabajo.

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