Reseña Centro Cultural Británico
“Sueño con pintar y luego pinto mis sueños.”
Vincent van Gogh
Cuando las personas escuchan la palabra arte, recurrentemente vienen a ellos imágenes de pinturas, músicos famosos y de vez en cuando una pieza lírica. Este tipo de pensamientos eran los que yo hubiese tenido en mente hace una semana, antes de que en la primera clase de arte y tecnología discutiésemos sobre la definición de arte, es por ello que luego de una visita al Centro Cultural Británico me es grato dar unas palabras sobre mis ideas y la experiencia en el lugar.
El Centro Cultural Británico en Miraflores es un espacio de vanguardia e intercambio cultural que da acogida a las ideas y expresiones artísticas. La galería, en donde están expuestas las obras, se ubica en la planta inferior del edificio, lo que da una esencia de misterio al lugar. Además de que creo que es conveniente para aquellas obras de arte que necesitan su espacio para ser aprovechadas, lejos de la interrupción caótica de la ciudad. Esta galería de aspecto espacioso y moderno posee dos divisiones, en donde se encuentran exhibidas las obras pertenecientes a la séptima edición de la bienal de arte digital Artware.
La exposición Artware es una oportunidad de profundizar en la naturaleza del arte, romper con la idea convencional y encuadrada que muchos tenemos y observar al pintor utilizar la tecnología y las ventajas digitales como su lienzo y su pincel. Además, me es necesario recalcar la oportunidad que dan estas obras, rompiendo la idea del “no tocar” al interactuar con la idea del autor. A modo de ejemplo se encuentra los títeres en pantalla, del Grupo de Investigación Hipertrópico, en los que el observador puede recrear historias utilizando una aplicación de animación.
Por último, me es necesario recalcar que luego de esta experiencia el arte queda expandido en otras dimensiones, señalando que la cultura no quiere o necesita parámetros, pero que tampoco es necesario caer en la exageración de los hechos, es decir el artista seguirá siendo artista aun sin el uso de máquinas, y si no me deje malentender uno puede hacer arte sin ser artista. Finalizando en un aspecto emocional, lo que me queda de esta experiencia es aprovechar el hambre insaciable de nuestra imaginación y corazón compartiéndola al mundo.