VIVIR EN LAS NUBES

Una breve introducción al analfabetismo científico


Hoy escribo cabreado.

Y es que me acaba de llegar la noticia de que hay un nuevo brote de sarampión en Alemania que ya se ha cobrado la primera vida.

Últimamente he estado muy pesado escribiendo y hablando sobre los movimientos anti-vacuna, criticándolos y argumentando sobre la falta de ciencia que hay en sus declaraciones.

Los movimientos anti-vacuna declaran que las vacunas no tienen nada que ver con la erradicación de la difteria, la hepatitis A, la B, el sarampión, polio, rubeola, tétanus y un largo etc. Dicen que la erradicación de estas enfermedades infecciosas ha sido gracias a los progresos en las técnicas de saneamiento de la sociedad.

También dicen que estas enfermedades no son peligrosas y que con los cuidados y prevenciones adecuadas, pueden pasarse sin más dificultades.

Los más atrevidos sostienen todavía que hay relación entre las vacunas y el autismo, pese a que esta relación ha sido profundamente estudiada, analizada y estudio tras estudio ha quedado desmentida. Ningún laboratorio en todo el mundo ha sido capaz de reproducir los resultados que publicó Andrew Wakefield en el ’98 y de los cuales se retractó en Febrero del 2010 cuando se demostró que había falsificado y manipulado el estudio.

Pero ahí no terminan los argumentos en contra. Uno que está ganando mucho peso y que es uno de los principales buques de batalla, es la presencia de mercurio y aluminio como adyuvantes en las vacunas.

Hasta yo me lo pensaría dos veces si me lo plantean así.

Y es cierto, se usa mercurio y se usa aluminio.

Lo que no consideran en este enunciado, es que el aluminio está presente en la frutas, bebidas, cereales, miel… y la ingesta diaria típica en un adulto es de unos 7–9 miligramos de aluminio al día. Y no, no es aluminio añadido, es aluminio que forma parte de las estructuras moleculares de estos elementos. Tampoco consideran que el aluminio contenido en las vacunas que recibe un niño, es similar al contenido en un litro de los preparados para lactantes. Y que el aporte de aluminio de la vacunas es muy inferior al aporte a través de la leche materna y preparados para lactantes.

En cuanto al mercurio, cabe decir que el hecho de tenerle miedo implica una sola cosa:

Analfabetismo científico

Únicamente la persona que es analfabeta en lo científico, puede tragarse todos los argumentos esgrimidos en contra de las vacunas, sin siquiera encontrarles debilidades o plantearse si son ciertos o no. El analfabeto científico se cree lo que dice un vídeo de YouTube, se cree lo que dice un post de facebook y se cree lo que entuentra en google cuando googlea:

Se lo cree porque el analfabeto científico carece de criterio para discernir entre lo que está apoyado por evidencias y hechos y lo que no. Para un A/C (Analfabeto Científico) una experiencia personal puede considerarse una “evidencia científica”, un vídeo de YouTube puede considerarse una “prueba” y un Blog puede ser una “fuente fiable y contrastada” de información.

Un reciente estudio, observó la conducta de 1.2 millones de usuarios de Facebook frente a 4.709 falsos posts que contenían teorías conspirativas inventadas por el equipo que investigaba. El 81% de quien los comentó y el 79% de los que le dieron a “like” eran usuarios que interactuaban principalmente con otras páginas acerca de teorías conspirativas.

El A/C, se verá arrastrado por argumentos que contienen las expresiones: “Grandes Farmacéuticas”, “Monsanto”, “Intereses ocultos de los gobiernos” y cualquier otro caramelo que alimente sus creencias.

Así que si le dicen que las vacunas contienen mercurio, se lo cree.

Se lo cree pasando por alto que es etilmercurio (timerosal) y que el dañino que se acumula en el cuerpo, es el metilmercurio. ¡Oh, pero ambos son mercurio! Sí, de la misma forma que el ethanol nos lo bebemos la mar de felices y el metanol se añade a la gasolina que utilizamos en nuestros coches.

El analfabetismo científico impide calibrar las drásticas diferencias entre dos componentes y la presencia de un grupo etil o un metil y sus implicaciones en nuestro organismo.

El analfabetismo científico no es peligroso por si mismo, lo es cuando se combina con una carencia de sentido común y se busca sustituir ese analfabetismo con ciencias alternativas en las que se confía para explicar fenómenos que van desde la presencia de nubes en el cielo, hasta el funcionamiento básico de la ciencia de las vacunas.

Desgraciadamente, estos movimientos están en auge y los movimientos anti-vacuna también. Consecuentemente, también están en auge los brotes de enfermedades que ya habían sido erradicadas de muchos lugares, como el sarampión, las paperas o la tos ferina.

Y ello me cabrea.

Me cabrea porque las personas que hoy deciden no vacunarse o no vacunar a sus hijos, se benefician de las que sí lo hacemos.

¿Cómo? Inmunidad colectiva

Por la “inmunidad colectiva”. Lo explicaré para Analfabetos. Si tú decides no colocar dispositivos anti-incendios en tu casa, pero las casas de tu alrededor sí tienen, en caso de declararse un incendio en tu zona, es poco probable que te llegue, pues las casas colindantes frenarán su avance.

Si una de esas casas colindantes decide quitar también su sistema de protección contra el fuego, es más probable que el fuego le afecte y afecte a tu casa a través suyo. Si varias de las casas lo eliminan también, es casi seguro que si se declara un incendio, arderán y es muy probable que el fuego sea tan intenso que los sistemas de protección de las casas que los han mantenido, no sean suficientes. A eso, se le llama Brote. Y con la inmunidad colectiva, funciona conceptualmente igual.

Mientras la mayor parte de los compañeros de clase de un niño no vacunado, sí lo estén, no hay problema. El problema viene cuando los demás padres deciden tomar la misma decisión.

Y eso me cabrea.