Chapu

Te voy a decir Chapu. Creo que es un buen sobrenombre. Chapu, cuando quiera verte y tipearte todo, simplemente voy a decir que me voy con Chapu a chaputear, putear, chapatear, patear, chapar, chapadmalal. Que me voy a Chapadmalal, que aun no lo conozco, que voy a soñar con habitaciones a oscuras y todo lo que arde entre la gente. Chapu, sabés qué me pasa? De vez en cuando estoy así distraída, por ejemplo mirando para cualquier lado, o por ejemplo leyendo un texto para la facultad, y se me viene un recuerdo. De repente aparece, como si fuera una visión pero del pasado, un segundo de un momento insignificante, de cualquier época y de cualquier lugar. Y enseguida me pongo a pensar, por ejemplo, qué tiene que ver este texto de periodismo escrito en inglés, con el flash que me acaba de venir a la mente, del living de la casa de Buenos Aires de mi ex novio, de noche, con la luz tenue y yo mirando para el lado de las paredes y las habitaciones. No tiene nada que ver y no lo extraño, pero Freud me dice que relacione qué tiene que ver, qué tiene que ver… Y así me pasa también con momentos de cuando era muy chica, o casas que no volví a pisar, lugares que no volví a visitar. Casi siempre son lugares. Seguro que todo se extraña, hasta a nosotros mismos nos debemos extrañar un poco. Porque vamos cambiando y ya no somos los mismos. Otras veces digo que las personas nunca cambian, y también puede ser cierto, porque puede ser que algunas cosas de las personas nunca cambien. Pero sobre todo no cambian cuando alguien quiere cambiarlas, cuando uno espera que cambien y cuando no quieren cambiar. Let it be. Y algunas otras cosas, en cambio, permanecen, sobre todo si se la vuelve a despertar. Yo escribo desde que aprendí a escribir y desde antes, desde cuando no sabía y entonces insistía para que me enseñen, y leía los titulares de Clarín que estaban en imprenta mayúscula para contarle a mi papá que había ganado Boca. Chapu, Chapu. Qué lindo día hace esta noche de domingo lluvioso. Toc, toc. Como el pajarito que quiere que Oliveira le de comida argentina, yo tengo uno que se llama Sigmund. La semana pasada visité a una psicóloga. Ni siquiera era para mí, sino para ayudar a alguien más. “¿En serio estudiás Comunicación? No lo puedo creer! Viste que dicen que lo que uno estudia se relaciona mucho con lo que a uno le pasa, pero esto es increíble, ¡estudiás Comunicación Social! ¿En serio nunca lo habías pensado? Te molesta que te griten, el modo en el que se comunican con vos, ¡y estudiás Comunicación!” Y yo tuve ganas de bofetearla, o contestarle algo al estilo de la Tana Ferro. Adiós Sigmund.

En: https://chapuzonesdetinta.wordpress.com/2014/03/10/chapu/