Cuando nos rompemos.

Naty Rodriguez
Sep 5, 2018 · 2 min read

Hoy me siento rota y no se cómo arreglarme, no tengo la más remota idea.

Detesto sentirme así, sin aire, con palpitaciones, con ganas de desaparecerme de este mundo.

Si alguien supiera lo que es la impotencia de tratar de retomar el control de sí mismo no lo verían como un drama, lo verían como el proceso doloroso y agónico que es.

Cuando los huesos tiemblan y el pecho duele es casi un milagro levantarse del suelo. Incorporarse y retomar la vida ahí donde se quedó.

Que difícil es pintar sonrisas donde solo hay miedo y angustia. Donde todo parece estar nublado e inerte.

Luchar es lo que queda, es eso o rendirse y rendirse no es de valientes, luchar sí lo es. Cuando me rompo es el momento para decidir si soy valiente o cobarde.

Llevo 19 años eligiendo ser valiente, me ha costado más lágrimas de las que puedo contar, pero aquí sigo en tiempo extraordinario, tratando de estirar todo lo que me queda de valentía en el cuerpo.

Algunas de las personas que amo me entienden, otras no, pero nunca las juzgo. Esto es bastante confuso y desconcertante. Yo no sé si en otros zapatos me entendería.

Lo único bueno de romperse es que pueden armarse nuevas figuras, nuevas formas. Es casi como renacer de las cenizas, tal como lo hace el ave fénix.

Cuando me rompo todo parece irremediable y destinado a la fatalidad, las decisiones pesan más de lo que deberían y se pierde tan fácil el norte.

Todos nos rompemos, somos humanos y todos llevamos cicatrices que algunas veces duelen y mucho.

El dolor es solo una forma de sanación y romperse de vez en cuando está bien, mientras todo pueda volver a unirse, mientras se vuelva a renacer.