Qué difícil es ser un tabú

Es bastante complicado ser esa persona que señalan con el dedo o apuntan con la mirada afilada y chismosa. También esa persona que oye cuchicheos cuando entra o sale de un lugar. No es bonito, ni agradable, ni placentero.

Las enfermedades mentales son un tabú y la gente usualmente le huye a lo “complicado”, prefiere mantener bien lejos a lo “raro”, porque hay personas “diferentes” que hacen cosas “inapropiadas” y por ello es mejor no relacionarse con ese “tipo de gente”.

Resulta ser que yo vivo del otro lado de la acera, yo soy la “rara”, la “outcast”, la “rechazada”, la “inadaptada”. Muchas veces he llorado días enteros pidiendo, implorando “ser normal”, la mitad de mi vida me he preguntado ¿porqué yo?, ¿porqué soy así?.

En cuestiones del amor es mucho peor porque sé que los de mi lado de la acera amamos intensamente y tenemos mucho amor para dar, pero se necesitan verdaderos valientes para aprender a aceptar y amar a una persona con una enfermedad mental.

A mí no me han llegado valientes, solo he tenido cobardes que han sacado lo mejor de mí y me han dejado por “no ser normal” y sé que hay muchísimas personas con este tipo de historias y aquí seguimos ingenuamente creyendo en el amor, porque tenemos la maldición/bendición de ver lo bueno en los demás, quienes quizá solamente tienen miedo de intentar querernos por la construcción social que tienen en sus mentes.

Somos tan tabú que en un trabajo no podemos decir que tenemos un trastorno mental, que tenemos que andar las pastillas bien escondidas, nos toca correr al baño para llorar y mordernos la lengua, también tenemos subidones o bajones de presión para disfrazar los prohibidos ataques de pánico. Cuando nos incapacitan nos sacaron la apéndice y se complicó, jamás estuvimos un mes internados en un hospital psiquiátrico.

Tenemos que tener tantas máscaras, interpretar tantos personajes que al final del día solo queda ese vacío en medio del pecho, ese que es como un agujero negro y todo lo va absorbiendo.

Tratamos de sonreír, de vernos bien, de complacer a todos para sentirnos aunque sea un rato parte del mundo que nos aparta y nos rechaza por una condición que no elegimos, que no disfrutamos y que enfrentamos como los grandes.

No importa lo que piense la sociedad yo no me considero una porcelana que se rompe, tampoco una bomba a punto de estallar, yo soy una guerrera y estoy hecha de hierro y diamante, a veces caigo, pero soy experta en poner las manos en el suelo, impulsarme y finalmente levantarme.

Todo lo que he logrado en la vida, lo he logrado siendo “rara”, inventando accidentes para mis cicatrices y viajes para mis ausencias del mundo. Pero siempre he sido un ave fénix y siempre lo seré, por más que me señalen con el dedo o me rompan el corazón.

Así como soy un tabú y como buscan categorizarme como alguien que no soy, así le devuelvo una sonrisa al mundo y le digo sin miedo: Me la has puesto difícil pero resulta que yo soy dura de roer.