También se valen los días malos
Hoy no ha sido un buen día, a pesar de poner mi mejor sonrisa e ir al gimnasio a buscar mis endorfinas no he funcionado bien.
Cuando estas cosas pasan me pregunto el porqué y termino por darme cuenta que no es solo el TLP, somos seres humanos y todos tenemos días buenos y días malos, se vale.
El asunto con padecer TLP es que un día malo es realmente malo y se te suben los niveles de ansiedad, te dan palpitaciones, te sentís deprimido y algunas veces te embargan los pensamientos suicidas, estos son obsesivos y realmente desgastantes.
Yo puedo ir al hospital a que me inyecten o a que me internen si estoy mal, creo que ya soy una vieja conocida, pero trato de jugármela, de tratar de aplicar técnicas de relajación, de apoyarme en la medicación y superar esta mala racha.
Lo irónico de todo es que mañana puedo amanecer con una gran sonrisa y tener un día maravilloso. Bienvenidos a la montaña rusa.
Los cambios abruptos en el humor son característicos del TLP y la terapia es la que nos ayuda a estar estables y a no tener esos picos tan altos de alegría o tristeza.
Mi distimia complica todavía más las cosas, pero vamos, cuando se tienen todos los recursos para salir adelante hay que creérsela y ser como siempre fuerte y valiente.
No sé si mañana voy a estar brincando en una pata o voy a estar triste, pero sé que me espera una amiga para hablar con el corazón, compañeros de trabajo que siempre me sacan una sonrisa y un trabajo que me encanta. Tengo muy buenas razones para pensar que va a ser un buen día.
Se valen los malos días, lo que no se vale es entregarse al dolor y quedarse cruzado de brazos, hay ayuda profesional, medicamentos y lo mejor: la convicción de que todo irá bien, porque aún en los días malos hay pequeñas cosas que nos recuerdan lo bello que es vivir.
