Resulta que soy minimalista.

Y no lo sabía.

Siempre había pensado que los minimalistas sólo bebían agua y comían tofu los días pares y pan los impares. Que no tenían ni televisión y que se sentaban sobre una alfombra de un solo color. ¿Para qué más, verdad?

Pues resulta que no es así. Que ser minimalista no es privarse de lujos, placeres o “cosas” que muchos otros dan por cotidianas. No son monjes tibetanos. Es el mero hecho de decir: “¿Quiero tener esto aquí ahora?”. Y sí, como diría Steve Jobs, “la respuesta es no varios días seguidos, es que era el momento de un cambio”.

La definición

Se trata de evitar tener cosas superfluas (que están de más), pero con un toque más. No es sólo “hacer limpieza” o “si no lo necesito lo tiro”, hay un grado de insatisfacción interior por ver tantas cosas, y sientes la necesidad de vaciar de cosas superfluas al máximo posible cualquier aspecto de tu vida.

En mi caso la definición de minimalismo es:

“Poseer sólo aquello que cumpla una función en un momento dado, y deshacerse de toda posesión que no la cumpla ni la vaya a cumplir, y obtener satisfacción personal a la hora de aplicar estas premisas”.

Además, la gracia del minimalismo -según he entendido- es que no tiene una única definición y cada cual lo vive como cree. Es más, no es mejor ni peor ser minimalista. Yo no lo era. Bueno, lo era, pero no sabía que mis manías eran minimalismo, pensaba que eran, pues eso, manías.

La amplitud

Otra cosa que me ha llevado a pensar y aceptar que soy minimalista es el hecho de aplicarlo a todos los aspectos de mi vida. No es que en mi cuarto tenga sólo aquello que quiero. No, no es limpiar tu cuarto. Es en cualquier ámbito.

Hoy en día el minimalismo mio alcanza su máxima expresión en el mundo digital. Sólo tengo instaladas las apps que uso, por ejemplo. Y si tengo una app que no uso, mi mente quiere desinstalarla. Incluso aunque sepa que la voy a usar el próximo mes, pero ya la descargaré. Hasta entonces, no cumple una función.

Esto hace que siempre haya ido contracorriente en lo que a espacio de almacenamiento en el iPhone se refiere. Siempre he tenido espacio, porque no tengo nada ocupando espacio si no lo necesito.

En esto “la nube” me ha ayudado más que ninguna otra cosa. El hecho de poder tener todo y nada a la vez es muy minimalista. Aún así, “mis nubes” también están perfectamente libres de cosas superfluas.

No es algo que se elija

Suene como suene, lo cierto es que no tiene sentido que alguien “quiera” ser minimalista, porque no hay beneficios reales. ¿Qué más dará si yo tengo cuatro libros en mi estantería o mil? ¿Qué más dara guardar el número de teléfono de aquella persona que conociste aquel verano en aquel lugar? ¿Qué más dará tener un cajón repleto de rotuladores, bolígrafos y lápices?

Todo eso a mi no me gusta. Pero no hay nada de malo en que le guste a otro o, como es normal, le de completamente igual. Y sí, si hay contacto en mi teléfono al cual sé que no voy a escribir ni llamar nunca, lo borro. Tú estás pensando, “¿qué más dará?”. “No ocupa espacio”, “nunca sabes si al final lo necesitarás”, etc. Pero a mi no me gusta,me molesta, por eso lo borro. Y como lo borro, porque en mi situación es superfluo, me sienta bien.

Lo que si tengo

Ser minimalista no implica para nada no tener cosas, ni mucho menos que sean pocas o baratas. Desde un lápiz a un Rolls Royce, si para ti no es superfluo, no causará ninguna insatisfacción el hecho de tenerlo.

Por ejemplo, tengo dos Macs. Cualquiera podría pensar que no hay nada más anti-minimalismo. Redundancia, lujos, etc. Pero no me crea ningún desasosiego tenerlos. Los uso, y cada uno cumple su función, y es una función que cumplen diariamente.

Sin embargo, tuve un iPad que pedí para satisfacer al consumista que llevo dentro (de nuevo, minimalismo y consumismo no están reñidos si uno halla sentido a las cosas que compra). Pero pasaban los días, las semanas y los meses y me daba cuenta de que tenerlo me creaba desasosiego. Me forzaba a usarlo, me olvidaba de que estaba y cuando lo veía me sentía mal por no usarlo, etc. Se lo regalé a mi padre. No lo echo de menos. No tenía una función en mi vida y el hecho de ya no tenerlo hace que ya no piense en él como la carga que era.

Lo que puedes tener

Como he dicho, puedes tener cualquier cosa, siempre y cuando estés contento con ella porque cumple una función. Los recuerdos en forma de regalos, fotografías, etc. no son superfluas. Son recuerdos. Y cumplen su función de recordar.

Los adornos, los cuadros, mis Halcón Milenario de Lego colgados de la pared, etc. cumplen su función de decorar. Me alegra entrar en mi cuarto y ver esos Lego. ¿Por qué deshacerse de algo que te alegra?

Lo que no es

El minimalismo implica satisfacción, pero no por el hecho de tener menos -aunque pueda ser el caso en algunas cosas- sino en tener sólo aquello que cumpla una función.

No es tener sólo un par de zapatos para todo, tampoco es tener cientos de pares. Es tener tus zapatos para correr si corres, tus zapatos de vestir si te sueles poner elegante, tus zapatos del día a dia, etc. Pero no encontrarás “un fondo de armario” o cosas que “no me pongo nunca”, etc. en el armario de un minimalista. Ese fondo de armario te gritaría cada mañana al coger unos calcetines: “¡Haz algo conmigo!”

Tampoco es satisfacción por las cosas baratas. No me sirve de nada que algo sea barato si no lo necesito. Un claro ejemplo son las fundas para iPhone y correas para el Apple Watch. La gente las colecciona a decenas. Yo he tenido por primera vez funda en mi iPhone 7 Plus por eso de ser Jet Black. Se ha rallado igualmente, por lo que ya no tengo funda (está en el cajón guardada pero ya sabemos que no durará mucho ahí). Sólo tengo dos correas para el Watch: la que vino de goma y otra milanesa “para las ocasiones especiales”. Da igual que la use cada par de meses, tiene su función, me gusta y mientras sea así, su sitio es el cajón.

Tampoco hay que sentirse mal por tener algo caro. Mi iPhone, por ejemplo. Muchos pensaréis que el hecho de que sea cierto eso que dicen de “podrías hacer lo mismo con un móvil de 200€”, implica que el iPhone sea superfluo. No lo es. El cometido de un móvil no es sólo lo que puedas hacer con él. El diseño importa. La calidad importa. Y, por supuesto, podríamos debatir en profundidad el hecho de que por 200€ no sería un iPhone.

Minimalismo no es igual a tener lo menos posible, lo más barato posible, lo más simple posible.

Además, recordemos que todo tiene su momento. Hasta el otro día tenía en mi cajón un iPhone 5 atormentando al minimalista que llevo dentro. “¿Qué hace esto aquí?¿Para qué lo quiero?”. Y respondía una frase llena de sentido común y lógica pero completamente insatisfactoria: “Por si acaso”.

¡Aaaahhhhh!

Por suerte, mi novia lo está usando ahora mismo. Mi cajón está libre de preocupaciones y mi mini-minimalista interior satisfecho.

Para resumir

No seas minimalista. No sirve de nada si no lo eres. Por el contrario, si te encuentras a ti mismo con ganas de borrar y tirar cosas, te abruma la cantidad de cosas que tienes o te molesta la presencia de algo porque no lo usas o no lo quieres, a lo mejor lo eres y descubres que te encanta minimalizar toda tu vida.