Kepler 62.

Pienso en esta falencia espiritual que tengo y que me define. Intento soltarme pero no concibo que exista un lugar a donde caer. Hago fuerza para creer en cosas, aprieto bien fuerte los párpados, abro de nuevo y nada. La quiero conmigo, quiero sentir que la tengo, que soy rica de alma y que creo, así sin más. Pero hay cosas que sólo se tienen y que no se ganan. El plácido sueño de quien mantiene convicciones espirituales no me acompaña. ¿Estoy acaso vacía? Me siento carente de significado. Tengo que poder. Empiezo de nuevo. ¿Cómo hacen ellos para que les cierre bien la historia? La sienten, yo no. ¿Qué siento? ¿He sentido algo alguna vez? Se me escapan algunas lágrimas y mojan el teclado, creo que responden con un sí. Quizás estemos mejorando. Intento abandonar las valoraciones y tirar a la basura mi teleología. Fue ingenuo pensar que para ellos todo es más fácil porque saben creer, la que se está haciendo la vida fácil, aunque duela, soy yo. Nunca tendré el gusto de defender lo indefendible, ni sentiré la satisfacción de apostarle a eso que, en vida, no puede ganar. Retrocedí. Voy mal. ¿Qué creo? ¿Hay algo que defienda?

Afuera de este planeta, afuera de este sistema, orbitando en torno a otra estrella, en Lyra, está Kepler 62, es el sol de los que llamamos 'exoplanetas', esos que como nosotros están ligados al elíptico danzar gravitatorio y lo marean a Kepler girando periódicamente en torno a él. Algunos de esos exoplanetas se parecen mucho al nuestro. La información mellega. Empieza a aparecer. Creo que creo. Se me iluminan los ojos, levanto un poco el tono de voz con el que converso conmigo misma y ahí está la epifanía. Siento que siento. ¿Se dan cuenta? Es eso, creo en conocer -y creo que eso es lo divino-, creo en mi poder, creo en los modelos que se adaptan sin agujeros a lo (que creo) que veo. ¡Sí que sé creer! Todo lo que quiero en esta vida es saber, y ahí está mi espíritu, mi cielo y mi dios.

Respiro hondo, estoy tranquila. Quizás alguno de los que orbitan a Kepler 62 pueda conciliar el sueño esta noche, como yo.

(No puedo creer que fui yo la que escribió esto)

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