Aprender a disfrutar el presente.

Si hay algo que nunca he aprendido a hacer es disfrutar el presente. Desde que recuerdo vivo en dos mundos, el del ahora y el de todos los pendientes sin resolver y los objetivos por lograr en un futuro que aun no existe.

Por años pensé que esa era una mentalidad ganadora. “Nunca me conformo” “Siempre quiero más”, “Logro algo y ya estoy pensando en lo que sigue”, me decía a mi mismo.

Justificaba el nunca estar presente en el presente con esa hambre de ir por lo que sigue, y es que de alguna u otra manera me ha funcionado. Al mirar atrás y comparar un año con otro, he sido una persona que brinca de un objetivo a otro a veces con más fortuna que con otras, pero con un recuento que me deja bastante satisfecho.

Ésta dualidad de estar y no estar me ha dado muchas cosas, pero también me ha quitado, y mucho.

Estas fiestas navideñas me dejaron una sensación una tanto melancólica. No fueron las mismas de hace años, cuando la casa de la abuela se llenaba de primos, tios, bromas, cerveza, cumbia y rancheras. No hubo las tan esperadas tortas en el recalentado, solo hubo recalentado, fue una navidad sencilla por decirlo de alguna manera.

Y es que nada volverá a ser igual después de ese 2009/2010, en el que perdimos a Grisi, a Cachas y a Chuchi, mi abuelo, ese que religiosamente se guardaba en su cuarto unos 60 minutos antes de la cena de año nuevo a escribir en algún cartón o pedazo de periódico las palabras con las que reuniría a la familia en la mesa y con las que agradecería el año que estaba por terminar y bendecir el que estaba por entrar.

Como nunca antes, este espacio entre el 25 y el 31 lo viví no en él futuro, sino en un melancólico pasado, sin embargo por poco no me percato que de nuevo estaba dejando ir muchas cosas.

Mi abuela Aurelia tuvo la oportunidad de pasar navidad de pie, después de varios meses en cama y operaciones de rodilla, mis papás, mi hermana y Gaby, mi esposa, están aquí conmigo, en el presente. Mis primos, ahora también son papás, sigo teniendo muchos tíos, con altas y con bajas, pero también aquí.

Mi abuela después de varios meses en cama.

No hay mejor momento que hoy. El pasado ya no lo tienes, el futuro no te pertenece. Quienes ya no están, no volverán, pero en cambio tienes a todos los demás, los que aun están aquí contigo. ¡Vívelos!

En lo profesional las cosas tampoco pintan mal, el presente es sólido y el futuro muy alentador. Somos una oficina de más de 40 personas que se considera a si misma una familia, falta mucho, pero hoy somos mucho más de lo que queríamos en el pasado, así que el futuro deberá ser mucho más de lo que imaginamos.

Este año tengo un solo propósito: aprender a disfrutar el presente. No hay mas.

Con ello no estoy diciendo que renunciaré esa búsqueda infinita de lo que sigue, pero si a organizar los tiempos adecuados para cada cosa.

De nada sirve querer y buscarlo todo en un futuro que aun no llega, si por ello te pierdes el hoy, ese que algún día te alcanzará, como melancolía, o como gratos recuerdos.

Les deseo un excelente año lleno de presente.

Carpie diem.

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