Otra vez.

¿Otra vez? Si, me vuelvo a sentir mal. ¿Por qué? No sé, quizás es porque no sé hacer nada bien, porque ni mi familia me quiere, porque no tengo a nadie, y etcétera. En resumen, me vuelvo a sentir mal porque es la consecuencia de ser una persona como yo.

Y ahora vamos a ver cómo soy yo. Soy la persona a la que a nadie le importa porque ni amigos tiene, sólo personas que creen tener amistades con uno pero en realidad son gente a la que expone sesiones de terapia gratis. Si, es así tal y como lo escribo.

Quizás ahora odio la terapia porque le dije a mi psicóloga que no podía ir más y me respondió con un “ok”. Así nomas, con un asqueroso y monosílabo “OK”, y no estoy exagerando porque incluso le escribí un hola buenos días y, ¿sera que fui muy cordial para ella que no sabe decir buenos días? Maldita seas, Paula.

En fin, las ganas de irme lejos de éste sinfín de angustias es grande, muy grande, grandísimo. Porque escaseo de felicidad, ya hace unos años no la siento y la anhelo. Nada me llena, nada me sacia, nada me alimenta, nada me emociona.

Tal vez a la única que le duela mi partida sea mi fiel compañera Lola, que es mi cachorrita.

Adiós.

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