Espero no ser la única a la que le incomode que lo único certero en la vida sea la muerte, porque la muerte no es lo opuesto a la vida, sino más bien algo que está presente a lo largo de ella, por irónico que suene. ¿A caso no les molesta saber que se levantan expectantes por lo que pasará? ¿No sienten miedo o emoción de que en cualquier momento puede pasar algo que le de un giro definitivo a sus vidas? Qué martirio, pero a la vez qué alegría saber que lo único que es seguro es la muerte, que cada día nos espera algo nuevo, algo inesperado.

Y quién diría que en un mundo tan experimental, tan científico y tecnológico haya espacio para creer en el destino, en casualidades o en el mismo Dios. Es sorprendente como en el mundo no solo encontramos ciencias y humanismo, sino algo más allá que nada ni nadie puede explicar, esas cosas no certeras que siempre serán un misterio para la humanidad. ¿Quién asegura que el destino existe, o que todos lo tenemos? ¿Quién me puede decir que Dios es real? ¿Quién me afirma que las casualidades son ciertas? Qué confusión, qué laberinto más complejo, pero también qué bueno que existan estas creencias para sentarse y analizarlas un rato.

Y yendo aún más allá en el asunto, ¿Qué es lo real? ¿Qué es lo que en verdad existe? ¿Qué son los valores éticos y morales? ¿Qué es lo bueno y qué es lo malo? ¿Habrá algún propósito de vivir? O como dicen algunas teorías, ¿Nuestro mundo está matemáticamente construido para ser un juego de IMVU de algún ser supremo (intelectualmente) que está aburrido y quiso jugar en su computador un rato? Qué misterio. Afortunadamente soy de esas personas que valora más las preguntas que las respuestas, porque cuesta más llegar a un punto de cuestionamiento tan alto como este, que buscar cualquier respuesta que se acomode a estos enigmas. ¿Qué pasaría si la humanidad se tomara su tiempo para resolver estas preguntas? ¿Sería igual de divertido formularlas?

Cuestiónense, pregunten e investiguen. Recuerden que la verdad absoluta no existe y despréndanse de las instituciones que les obliguen a creer en ciertos valores que no dejan expandir esa capacidad de cuestionamiento. Hagan preguntas y cuando tengan suficientes, piensen en las respuestas, trabajo que resultará casi imposible ya que de una pregunta se desprenden treinta más. No se estanquen, finalmente nadie tiene la certeza de quién está bien y quién está mal, si eso que dicen que es correcto es bueno, o si por lo contrario, los limita.

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