Una triste historia

Todos los trabajos parecen iguales hasta que entras a una organización enfocada a ayudar específicamente a un núcleo muy importante de la población y con una perspectiva con mucho futuro, entonces, pertenecer y desempeñar tu trabajo se vuelve algo especial, hasta que te das cuenta que no, que ese trabajo no es especial, y no por la causa que en sí misma es entrañable sino por las personas que están a la cabeza de esa organización.

Realizar actividades correspondientes a la responsabilidad social NO ES HACER CARIDAD, aquél es un compromiso que va más allá de la búsqueda de reflectores para llenar vacíos existenciales y problemas de autoestima. La mejor manera de echar a perder una organización enfocada a lo social es actuando por ego, vanidad y narcisismo, por soberbia y por un paternalismo racista dirigido incluso hacia los mismos miembros que trabajan por y para la causa.

Los líderes que buscan groupies, que son intolerantes a la crítica e incapaces de dirigir, orientar y hacer crecer a sus colaboradores son los peores. Los líderes que sólo quieren rodearse de gente que sonríe estúpidamente todo el tiempo como si las personas pudieran dejar de lado su humanidad para convertirse en bufones, son los peores. Los líderes que orillan a sus propios co-fundadores a salir por la puerta chica pasando incluso por encima de la amistad no sólo son los peores líderes sino que además habla mucho de su integridad como persona. Los líderes que dejan que se venga abajo un equipo completo ante sus ojos responsabilizando a otros y haciendo caso a chismes y ejerciendo un mísero favoritismo, son los peores. Los líderes que corren a sus empleados con discursos ridículos para después hostigarlos a firmar su renuncia, burlándose de su inteligencia y de su dedicación, negándoles por derecho lo que les corresponde, son los peores. Líderes que disfrazan justamente lo que por derecho es justo con “consideración especial” para lavarse las manos y que su imagen pública no se vea afectada, esos… son los peores, porque esos líderes usan y desechan personas sin reparo alguno.

Sí hay un compromiso genuino tanto por la causa como por las personas entonces uno debe observar, escuchar y aprender, debe ser humilde, atento, sincero y debe responsabilizarse de sus decisiones y de sus errores.

Si quieres luchar por los derechos humanos no puedes hacerlo teniendo conocimientos austeros sobre ello, si quieres luchar por las mujeres, hacer realidad su empoderamiento y apoyarlas para que detonen su potencial con una bandera feminista a cuestas, entonces hay que serlo de verdad. Es incoherente señalarse como feminista y ser clasista con las propias mujeres que te rodean… ¿no? Es incoherente definirse como defensor de los animales y patear a cuanto perro te encuentras en la calle, ¿no?

¿Cómo echar a perder un gran proyecto? Ponlo en las manos equivocadas, ¿cómo destruir la credibilidad de una causa? Ponla en las manos equivocadas, ponla en la mismas manos que saludan a la cámara pero que cuando ven flaqueando, triste o cansado a uno de sus integrantes, en lugar de apoyarlo le dan el tiro de gracia como si se tratase de peso muerto.

Es imposible tener contento a todo el mundo, es imposible no recibir críticas sobre lo que haces, te puede faltar experiencia, te puede faltar tacto, te puede faltar todo, pero nunca coherencia, y eso no es mucho pedir, eso es de hecho, lo mínimo indispensable que se debe tener incluso en la vida misma… ¿no?

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