Turbolover by Geni Momblan

Era muy fácil el mundo para los normales, los pocos que quedaban, e incluso para los que andaban medio modificados y no éran un monstruo como ella. Sentían, vivían, hacían sus pequeñas cosas con una alegría pasmosa. Ella tenía que soportar el casco incluso cuando dormía, y cuando se lo quitaba para descansar el cuello, los músculos, había que sedarla porque el dolor era insoportable. Le habían construído una cama especial para ello, porque dormir, dormir, no necesitaba. Siempre estaba despierta y enterándose de todo. Pero no podía alejarse mucho del recinto. Ni tampoco suicidarse, al menos aún no se le había ocurrido como. Así que su vida era básicamente una pesadilla digital. No recordaba cómo era comer, besar, sonreír…Su cabeza era un globo. Debajo, no había cara si no un container de cables.

Avanzó lentamente por el pasillo. El domot de limpieza la saludó por su nombre:

  • Bon dia, Turbolover
  • Ves a la merda — contestó ella, con voz metalizada.

En la Sala de Control varias personas vestidas con monos negros gritaban a la vez, tecleaban cosas rabiosamente y hablaban con sus tátiles como si fueran locos. Uno de ellos, según sus sensores, tenía un tumor en estado avanzado. Pero en medio de una guerra como aquella, ¿qué más daba? Mañana podía morir a manos de los Salvajes.

  • ¡Turbolover! — gritó una mujer desde el otro lado de la sala — ¿Ya estás cargada? Perfecto. Necesitamos que te conectes con los drones de Plaza Catalunya.

Dos andróginos muy jóvenes conectaron sus tátiles a la cabeza de Turbolover. Cifras punzantes como agujas penetraron sus sesos e imágenes pixeladas le mareaban los ojos. Era difícil concentrarse en alguna.

  • No puc!! — dijo el que llevaba el pelo rosa
  • Joder, ja ens han bloquejat!!

La mujer, de escasa estatura pero orgulloso porte, dijo en tono seguro:

  • No podemos perder tiempo. Turbolover, los Salvajes están a punto de atacar. Nos ha informado la agente Alicia, que está en las oficinas de Utopía. Hay personas allí, civiles.
  • Todos somos civiles — dijo Turbolover
  • Bien. No puedes tardar más de una hora, no tenemos energía para más. Te llevarás a dos technosoldados y un robot.
  • ¿Un pequeño ejército de mutantes?
  • Lo que tú digas — dijo la mujer, insertando un USB en la cabeza de Turbolover con cuidado — No entiendo que no te afecten los virus- añadió
  • Me los como- dijo Turbolover, ajustándose los guantes y dirigiendo sus pesados pasos hacia la puerta.

Allí, un antiguo robot de la policía y dos soldados modificados, de gran estatura y uniformados con el mono negro del ejército de la Resistencia, la esperaban para salir a la calle. Parecía todo tranquilo. Había mucha luz, a pesar de que el polvo levantado por la guerra hacía del aire una espesa masa. En los edificios, tras los cristales rotos, la gente con empleo seguía trabajando como si no pasara nada, porque algunas relaciones comerciales no se habían roto con la Huída. Y se temía quedarse sin ocupación si los ricos abandonaban del todo la Tierra, así que se intentaban mantener los puestos aunque fuera sin cobrar.

  • Agente Alicia al habla
  • Turbolover
  • ¿Cómo estás, amiga?
  • Más o menos viva. ¿Hay novedades?
  • Hay una protesta que está congregando a cada vez más gente. He visto soldados y furgonetas cuando venía al trabajo, pero ahora no están por aquí.
  • Permiso para conexión
  • Endavant, amiga

Turbolover se conectó al tátil de Alicia, hackeado por la Resitencia, en modo visor y ahora veía lo que ella veía desde el séptimo piso del Edificio Ali Baba de la plaza Catalunya. Las calles de alrededor estaban despejadas. Un gupúsculo de gente se iba haciendo más grande en el centro de la plaza. Puso zoom. Distinguió a dos Monos Negros sin uniforme.

  • ¿Els veus? -preguntó a Alicia

Sus amigos del barrio, Iván y Ramón estaban entre el gentío, a título personal, ya que no tenían misión asignada al momento.

  • El soldado Ivan Martí ya no está en el Economato, lleva dos semanas de Mono en el centro. Ramón debe estar de visita. Semblen tontus aquest dos, on van sense armes?
  • Seguro que van ciegos — dijo Turbolover

Alicia sonrió al reconocer el sentido del humor de su amiga, cada vez menos presente desde que la Resistencia la convirtió en cyborg. Era eso o la muerte. Pero ya no era la misma.

  • ¡Alicia! — dijo de pronto — a la izquierda, ¡no!…la plaza está rodeada…¡atentos!

Alicia distinguió los camiones y furgonetas marrones del Estado, abriéndose como alienígenas y descargando hordas de soldados. De pronto, se escuchó un estruendo y un aire violento despeinó a Alicia a través de la ventana abierta por la que estaba asomada.

  • Merda!! Hay un avión de Salvajes!!
  • Retiren a los civiles — dijo una voz desde la Sala de Control

Los dos Monos Negros, el Robot y Turbolover se accionaron al momento y echaron a correr a velocidad extrema, saltando ayudándose de coches y paredes, mientras las personas normales se escondían en los portales.

  • Nooo, no hi aneu, és una trampaaaa — gritó Alicia con todas sus fuerzas

El avión aterrizó prácticamente encima de los manifestantes, matando a muchos. Los demás corrían como conejos.

  • L’Ivan està fora, l’acabo de veure sortint per Pelayo. Al Ramón l’han xafat!!!- dijo sollozando Alicia

El avión escupió dos Salvajes en forma de bola, que se transformaron en cuestión de segundos en gigantescos bípedos metálicos que disparaban sin pudor y agarraban a la gente como si fueran muñecos y los lanzan por los aires. El grupo de Monos Negros con Turbolover, se movían rápidamente, empujando a los vivos hacia los lados de la plaza. Uno de los Salvajes pisó al robot dejándolo planchado en el suelo.

  • Venga, ¡¡¡ya estáis casi!! Faltan dos personas, están heridas pero vivas, Turbolover, ¿las ves?
  • Recibido, sí, respirando. Voy.

Turbolover dió dos pasos sobre sí misma en la pared y se impulsó para llegar hasta ellos, los llevó rodando hacia la acera e hizo lo mismo para volver al punto de partida, esquivando un manotazo del Salvaje.

  • Retirada — ordenaron desde la Sala de Control
  • Ali, estàs bé?- preguntó Turbolover mientras regulaba su velocidad, a medio camino, mientras el avión y los camiones desaparecían entre el polvo.
  • Sí, carinyu. — contestó Alicia, llorando — Bona feina. Heu salvat uns vuit.

Los Monos Negros regresaron a la Central.

Turbolover se estiró con gesto cansado y se quitó el casco conzienzudamente. Pulsó el botón de inyección de sedante, deseando una vez más que se hubieran equivocado en la dosis. Antes de quedarse dormida, un recuerdo le vino a la cabeza. Era aquella fiesta. Ella, Isa, Sofía y Alicia se hacían selfies estúpidos, poniendo morritos. Ramón puso su cara entre Isa y ella. Y salió en la foto con los ojos vizcos. Faltaba poco para las primeras explosiones. El recuerdo del contacto de la barba de Ramón, con un ligero cosquilleo sobre la piel. No podían dejar de reír, les dolía la mandíbula. Lo sentía aunque ya no hubiera nada ahí.

Fundido a negro.

    Sandra Miralles (Sandroide, Musidora)

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    Soñadora de categoría ci-fi