Arrechera venezolana de viernes por la noche

Una madre de unos 38 años trataba de explicar con voz temblorosa su situación a través de la ventanilla. Es viernes en la mañana en la sede consular venezolana en Colombia y se percibe el desespero en la sala. Puede que esa sea la razón de ser del sitio. Al final una de sus funciones es resolver problemas a sus nacionales, y la escena sería una más si no fuera porque los venezolanos, desde el año pasado hacen lo que sea por estar fuera de su país (de mi país). La señora explicaba que pidió la cita hace más de dos meses para renovar los pasaportes de ella, su esposo y sus dos hijos y aún no la han recibido. La funcionaria al otro lado de la ventanilla intenta explicarle todas las opciones que debió tomar para evitar el problema. La madre desespera, se toma la cabeza y alza la voz. “¡Yo revisé el correo, y revisé el spam tooodo este tiempo y la cita nunca llegó! ¿Qué hago entonces?”. La funcionaria luego le pide que le dé unos minutos mientras revisa unos papeles. La señora bate los brazos, exhala, le da una patada al piso. Creo que está a punto de llorar y se pone los lentes oscuros. La funcionaria le pide que anote los nombres de su familia en una planilla y le pide que se haga a un lado para atender al siguiente en la fila. La frustración de la señora es comprensible. Según testimonios recogidos por medios venezolanos, redes sociales y hasta amigos cercanos, el Saime (la institución encargada de emitir todos los documentos de identidad de Venezuela) no imprime o entrega la mayoría de los pasaportes que procesa desde mayo de 2016, y además tarda de dos a tres meses (al menos en Colombia) solamente para asignar la cita, lo que ha provocado que muchos se encuentren atrapados en Venezuela, y que quienes viven afuera pierdan trabajos, visas, planes y maldigan como si nunca hubiesen logrado salir del país. El coño de la madre.

Yo sé cómo se sintió esa señora frente a la taquilla. Lo sé porque a la que se le aguaban los ojos de la arrechera frente a esa ventanita con ocho huequitos hace un mes era a mí, que comenzando el año no podía con la angustia de no haber recibido la cita y de tener que contemplar de nuevo plan A, B, C y D. (Como si emigrar ya no consistiera en tener un nuevo plan A, B, C, y D al menos una vez por mes). Yo también fui al Consulado y formé el mismo peo con más o menos palabras, y la respuesta que obtuve es que yo debí haber pedido la cita mucho antes “porque todo el proceso demora al menos seis meses”. ¿O sea que yo debería estar acostumbrada a su ineficiencia y debía haber empezado todo un año antes? ¿En qué parte de la página del Saime dice eso? Cuando además ninguna autoridad de la institución ha reconocido algún tipo de problema con la emisión de pasaportes y cédulas de identidad. Lo que hacen es retuitear una y otra vez que ellos entregaron sopotocientos pasaportes en septiembre en Los Teques, y ya estamos en febrero. O sino, publican el anuncio de la agilización de entrega de pasaportes (como hicieron ayer 3 de febrero), sin haber explicado qué pasó para que tuvieran que “agilizar”.

Muchos dicen que, más que la ineficiencia del Estado, es una acción deliberada de la institución para castigar a los que se fueron y a los que se quieren ir. Como si ya no fuera castigo suficiente tener que vivir allá y someterte a la escasez de alimentos, de medicinas, de agua potable, de seguridad, de cordura. Ahora también quieren ahogarnos en la orilla. La orilla de quienes elegimos huir a otros sitios (luego de nadar qué jode) porque el país ya nos estaba acorralando. No puede ser que hoy identificarte como venezolano, bien sea con cédula o pasaporte, cueste los dólares que le dé la gana cobrar a un gestor, porque haberte calado los 18 años de cadenas del chavismo no son suficiente para ganarte el derecho a una cédula chimba, que parece impresa por los tres marañeros del bachillerato. (Y como el gobierno no piden la cédula pa’ nada). Y mucho menos para ganarte el derecho a un documento que te permita salir del país (del verguero), tocar la base y decir “libertad por mí”, porque decir “por todos” es mentira.

Son pocos los países que entienden esta situación y se apiadan de la ineficiencia del país que a uno le tocó. La mayoría se compadece, te dice “qué pena” después de dos permisos extendidos para permanecer en territorio ajeno, y te manda de vuelta al mundo 1 de Mario Bros 3, solo que ahorita Venezuela está estancada en el mundo 9, donde desde el primer nivel Mario debe correr sobre un suelo que se desintegra mientras le caen encima lava y piedras del volcán que erupciona de fondo, y pa’ rematar, uno es Mario. Vos y yo somos Mario, así como “todos somos Chávez”.

Al final del día no supe qué pasó con la señora que reclamaba porque no le había llegado la cita. Salí a pagar el trámite de mi cita, que al final sí llegó, y cuando volví ya se había ido. Me imagino que luego habrá ido a la oficina de Migración Colombia (a pocas cuadras de allí) a preguntar sus opciones para extender su estadía en caso de que no renovara los pasaportes a tiempo, y que mientras hacía la cola para preguntar, se encontró con cinco venezolanos más en la cola, como me pasó a mí los primeros días de enero. Tres de ellos maracuchos. Todos con visa de turista, trabajando en lo que conseguían (según contaban a quien quisiera escucharlos) y buscando extender la estadía para poder hacer más plata antes de regresar, o conseguir hacer los papeles en esos 30 días de ñapa. 30 días que se evaporan en tres noches sin dormir.

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