La oportunidad perdida

Era un 17 de mayo, pleno otoño, los árboles ya estaban deshojados y el aire se tornaba cada día más frío. Eugenia tenía tan sólo 18 años cuando fue llorando desesperada a la casa de Agostina, su mejor amiga. Agostina abrió la puerta y al ver a su amiga en ese estado lo primero que le salió hacer, casi como un acto reflejo, fue abrazarla. Ya un poco más calmada, Eugenia se encontraba tomando un té en la habitación de su amiga.
- ¿Me vas a contar qué te pasa?
- Si me prometés que no me vas a dar un sermón de que vos me avisaste y todo eso.
- Ok. Te lo prometo.
- Estoy embarazada.
- Uh ¿sos boluda Eugenia?
- Me prometiste que no me ibas a hacer eso- interrumpió la chica.
- Está bien, perdón ¿Te tengo que felicitar?
- No, vine a pedirte un favor.
- ¿Cuál?
- Decidí que voy a abortar. Necesito que me acompañes.
- ¿Él lo sabe?
- No.
- ¿Y no pensás que tiene derecho a saberlo antes de tomar una decisión como esta?
- No ¿para qué? Él ya tiene sus hijos, su mujer, su familia y su vida armada. No quiero traerle problemas.
- Dejá de pensar en los problemas que le vas a traer a él y mejor pensá en si esto es lo que realmente querés.
- Ya es una decisión tomada, Agos. Pero necesito que me acompañes, no puedo hacer esto sola.
- Vos sabés que tenés mi apoyo siempre, Euge. Pero en mi opinión antes de hacerlo deberías hablar con Esteban, después de todo también es su hijo.

Cinco días más tarde, Eugenia y Agostina estaban en la sala de espera de una clínica donde realizaban abortos de manera clandestina. Eugenia tenía mucho miedo, se le notaba en la cara. Miedo de si le iba a doler, miedo de estar tomando la decisión equivocada, miedo de si su amiga tenía razón y debería haber hablado con Esteban primero, miedo de arrepentirse. Agostina también estaba asustada y preocupada, pero tenía que demostrarse fuerte por el bien de su amiga. De pronto, una enfermera anunció que era el turno de Eugenia. La joven se levantó lentamente de su asiento cuando Agostina le tomó la mano y le pregunto “¿Estás segura?” a lo que Eugenia mintió respondiendo que sí y ocultándole sus miedos a su amiga. Eugenia entró a una habitación completamente blanca, muy fría, con una camilla y una mesa llena de instrumentos quirúrgicos. El doctor, un hombre de unos 55 años, le explicó cómo iba a ser el procedimiento y le hizo la misma pregunta que le había hecho Agos anteriormente: si estaba segura. La joven nuevamente contestó que sí.

En la sala de espera, Agostina no paraba de morderse las uñas. La cirugía no duró demasiado, pero a ella le pareció una eternidad. Cuando por fin Eugenia salió, estaba muy pálida y tenía una expresión de estar sintiendo un vacío total.

Ya habían pasado tres meses, Eugenia nunca volvió a contactarse con Esteban ni demostraba mucho interés en las relaciones amorosas o sexuales. Se había sumido en un total sentimiento de culpa que intentaba tapar con alcohol y alguna que otra sustancia. También se distanció de Agostina, decía que le hacía recordar a la peor decisión de su vida. Le costó años a Eugenia salir de esa depresión, de la adicción en la que se había empezado a meter y sacarse ese sentimiento de culpabilidad que le destrozaba la cabeza y el corazón.

Hoy Eugenia tiene 36 años, esta casada hace 10 años Lucas, un buen hombre que supo ayudarla y enamorarla. Lucas y Eugenia están intentando tener un bebé hace 5 años y no lo logran. Ya probaron con todos los tratamientos posibles, y si bien todavía está la posibilidad de adoptar a un niño, Eugenia no se olvida de que este 6 de enero su hijo cumpliría 18 años.

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