Sofía

- Tenemos que hablar.
- Decime.
- Hace 4 años que estamos juntos, ya tenemos 27, trabajamos, somos independientes ¿no pensaste que es un buen momento para que demos un paso más en la relación y nos mudemos juntos?
- No sé si estamos listos. Por más de que nos veamos todos los días y casi siempre duermas en mi casa, la convivencia es otra cosa…
- ¿Y no querés probar?
- Tengo miedo de que se arruine todo
- También está la posibilidad de que salgan las cosas bien, eh. No tenés que ser tan pesimista.
- ¿Por qué salís con esto ahora?
- Ya te dije, porque me parece un buen momento. Además como decís vos, paso más tiempo en tu casa que en la mía.
- No estoy seguro, vos sabés que yo necesito momentos para estar solo porque sino me vuelvo loco.
- Te estoy proponiendo que vivamos juntos, no que seamos siameses.
- Qué boluda.
- Pensalo. Ya hace 4 años que estamos así, no quiero que la relación se trabe, quiero pensar que tenemos un futuro juntos.
- Bueno, te prometo que lo voy a pensar.

Después de 6 largos meses e incontables conversaciones de este estilo, Sofía y Ariel finalmente se mudaron juntos a un departamento que consiguieron con la ayuda de un amigo. Tras su primer noche en su nuevo hogar, Ariel se despertó y vio que la otra mitad de la cama se encontraba vacía. Despreocupado y pensando que su novia había salido a realizar las compras para preparar el almuerzo, decidió levantarse y esperarla para prestarle su ayuda. Todavía un poco dormido, se dispuso a darse una ducha. Cuando entró en el baño se encontró con una escena que lo marcaría para siempre. Sofía se hallaba recostada en la bañera. Su piel, que había sido siempre blanca como la nieve, ahora estaba teñida de rojo. Sus ojos, aquellos en los que Ariel siempre había visto amor, ahora ya no reflejaban sentimiento alguno. Conmovido y sobresaltado por el hecho, el joven se arrodilló en el suelo y se echó a llorar junto al cuerpo de su novia. Después de unos minutos logró tranquilizarse apenas un poco y pensó en llamar a su familia para pedir ayuda. Al levantarse, vio en el espejo algo que le llamó la atención, había una nota escrita con labial: “Perdoname, no quería morir sola”.

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