La curiosidad resucitó al gato

Preguntas que dan vida.

Neus Portas
Jul 16 · 3 min read
Michel Porro en Unsplash

Qué curioso que una palabra como “curiosidad”, que etimológicamente procede de curiositas (deseo de saber) signifique también “el deseo de conocer o averiguar lo que no me concierne” según la RAE -hasta 2007-. Y, aunque la Academia cambiara su acepción a petición popular para añadir a la definición “Cosa curiosa (que llama la atención)”, ambas acepciones siguen usándose.

Será porque la curiosidad lleva a preguntar lo que no se comprende, a mirar más allá de lo que se muestra, a probar más allá de lo demostrado. Suelen ser preguntas que salen del camino, a menudo incluso incómodas. Pueden ser preguntas que salen de lo establecido, que no siempre gustan a quien debe responder.

La curiosidad es inquieta por naturaleza.

Curiosidad, una gran “soft skill”

De todas las habilidades blandas -“o soft”, que casi suena mejor-, la curiosidad es la más transversal.

Hace falta curiosidad para aplicar empatía y desarrollar la inteligencia emocional. Porque para empatizar debes tener interés en la otra persona y curiosidad por saber cómo piensa, cómo siente. El mismo interés en el otro que, claro está, te facilitará el trabajo en equipo.

La creatividad, la habilidad más de moda, tampoco existe sin curiosidad. Sin probar, sin atreverse, sin cuestionar, es imposible crear. Creatividad y curiosidad son inseparables.

La capacidad de aprendizaje continuo, esa que nos convierte en “longlife learners”, bebe de la curiosidad, como su raíz indica: deseo de saber.

Curiosidad incremental o curiosidad disruptiva

Entre los siglos XVI y XVIII, los europeos exponían objetos exóticos que provenían de todos los rincones del mundo, en espacios que llamaban Cuartos de Maravillas o Gabinetes de Curiosidades.

Basándose en esta idea, Nuria Pérez creó el Gabinete de Curiosidades (muy recomendable), una serie de podcasts que recogen, como su nombre indica, hallazgos, casualidades y causalidades. En definitiva, curiosidades que, hiladas, crean historias preciosas. Nuevas posibilidades que abren ventanas a la imaginación.

Estas son curiosidades agradables, positivas, de las que provocan sonrisas y pequeños avances. Podríamos llamarla curiosidad incremental, porque te anima a aplicar pequeños cambios, dar un paso adelante o que te amplía un poco la visión sobre algún aspecto.

Pero también existen curiosidades incómodas. Preguntas que sacuden cimientos y cuestionan paradigmas demasiado asentados. Esta es la que se llamaría curiosidad disruptiva, porque es la que rompe moldes. Esta curiosidad, si no se frena y se sabe mezclar con conocimiento, da saltos cualitativos hacia arriba, no sólo pasos hacia delante.

Las dos son necesarias: la primera, porque amplía la visión, hace más agradable la zona en la que nos encontramos. La segunda, porque descubre zonas nuevas.

No dejes nunca de preguntar(te)

El secreto, como ya sabrás, está en las preguntas. Sólo preguntando se aprende. Sólo preguntando(te), construyes.

Hagamos que nadie tenga miedo a preguntar. Perdamos el temor a que nos pregunten. Atrevámonos nosotros a preguntar. Y a hacerlo en voz alta, si hace falta.

Porque demasiadas veces pasa que sí tenemos preguntas, pero no nos atrevemos a hacerlas. Si te fijas, en muchas conferencias y charlas, a la pregunta de “¿Alguna pregunta?”, demasiado a menudo hay vacío. En cambio, luego hay cola para hablar con el ponente.

Preguntas, “haylas”. Pero la gente teme que sean demasiado obvias, que no se entiendan, que se hay explicado ese punto en un momento de desconexión…. Tal vez porque, de toda la vida, nos han hecho preguntas para confirmar que sabíamos. Y hacíamos preguntas -si nos atrevíamos- cuando no entendíamos.

Pero preguntar, en realidad, es conectar lo escuchado con ideas propias, para crear nuevas realidad: la pregunta es esa pieza que une los dos elementos.

La curiosidad consiste, en definitiva, en saber(se) hacer buenas preguntas. Dijo Benedetti que “cuando nos aprendimos las respuestas, nos cambiaron las preguntas”. Hoy, el mundo va tan rápido, que las respuestas quedan obsoletas demasiado pronto.

Por eso, si queremos tener algo que ver con el mundo que se está creando, tendremos que aprender, sobretodo, a aprender a hacer preguntas.

El “¿Y por qué?” de los niños, les ayuda a entender el mundo. El “Y por qué no? de los adultos, nos ayuda a cambiarlo.

Neus Portas

Written by

CEO LeanTeam Marketing. Impulsora de la actitud emprendedora. Reflexiono y escribo sobre #emprendimiento, futuro, impacto y #educación.

Welcome to a place where words matter. On Medium, smart voices and original ideas take center stage - with no ads in sight. Watch
Follow all the topics you care about, and we’ll deliver the best stories for you to your homepage and inbox. Explore
Get unlimited access to the best stories on Medium — and support writers while you’re at it. Just $5/month. Upgrade