Queridos Reyes Magos…

Os escribo desde el mundo de los intangibles, no sé si también trabajáis con aquello que no se ve, pero se nota; con lo etéreo pero palpable. Aquí os dejo la lista, como veo que hacen los más pequeños, por si pudierais ayudar en alguno de los puntos.

Me gustaría pediros, lo primero, que haya más emprendedores con propósitos sólidos que quieran impactar positivamente en su entorno.

Emprendedores que sepan realizar propuestas que de verdad sean de valor; y que lo sean para todos los stakeholders.

Emprendedores que lo sean no por necesidad, ni como opción, sino como actitud. Que se extienda el emprendimiento no como moda, ni como manera de hacer dinero, ni como única opción de ganarlo en tiempos de crisis, sino como una caja de herramientas para ser proactivo frente a las circunstancias del entorno, una manera de autoliderarse, motivarse y cambiar aquello con lo que uno no está conforme.

Que haya emprendedores dentro y fuera de las empresas, por cuenta propia y por cuenta ajena.

Emprendedores que entiendan que cada venta es un logro y que no hay mejor premio que un cliente satisfecho, ni mejor inversor que el socio que pone su know-how, su pasión y su tiempo en el proyecto. Y que si se buscan inversores, no sea para obtener un crédito sin intereses, ni para volar sin saber de vientos.

Emprendedores que sepan gestionar empresas pero, sobretodo, que sepan entender su entorno, que sean especialmente empáticos, que sepan caminar en zapatos ajenos.

Emprendedores a los que les apasione la lectura, que relean su libro favorito para descubrir nuevas entrelíneas, que conozcan los últimos títulos pero también los clásicos, que lean ensayo pero también novela y poesía: es la mejor base para conocer al ser humano, sus dilemas, sus tensiones, sus relaciones y aprender a contar historias llenas de verdad.

Y al mismo tiempo, os pediría consumidores que les premien y aprueben, que les elijan, que de verdad ejerzan su voto con cada compra.

Consumidores menos consumistas. Sí, sí, menos consumistas. Que valoren la calidad por encima de la cantidad. Que aprecien las historias detrás de cada producto.

Que se dejen emocionar por los proyectos bonitos, pero que sepan evaluar lo que aporta y lo que implica cada compra.

Que opten por el servicio cuando sea posible, es decir, que pierdan el miedo a la economía colaborativa cuando esta satisfaga lo que buscan y si el único freno para no usarla es el miedo a ser engañado.

Una economía más basada en la confianza, aunque sea a base de “estrellitas” en las webs. De reputación de las marcas, tanto la de los emprendedores como la de los consumidores.

Una economía basada en la conexión más que en los contactos y en las conversaciones sinceras entre seguidores y seguidos.

Una economía más humana, más real, más de impacto. No me importa llamarla capitalismo, si está al servicio de las personas y no al revés.

Una economía, en definitiva, que tenga en cuenta también las emociones, las percepciones, las historias, las aspiraciones de la gente. Sí: una economía más tangible basada en los intangibles que nos hacen a todos más personas, para hacerla más real.

Espero que no sea una lista demasiado larga… Traed lo que podáis, sé que os lo pido con el tiempo un poco justo. Y lo que no podáis, no os preocupéis, somos bastantes luchando para que suceda. Es sólo que a veces, una ayuda no viene nada mal…

Feliz noche mágica.