Desertor interdimensional
Cap. 1: Mi Mamila
Los chicos de hoy, tan metalizados… Pero son como globos, explotarían si les pusieras un cigarrillo en la cara o les clavaras una navaja en la pierna. En mi época no podías decir que un tío era tu amigo si no te había mandado al menos una vez al hospital. Ahora, ¡todos blandengues! Pero no las chicas.
Las chicas flotan como espuma. Pero es espuma de rabia. Si tratas de sobrepasarte (y en este barrio sobrepasarse es mirar a una sin que te lo haya pedido), vas a terminar gimiendo como un pichón los amores que perdiste en el futuro y los hijos que no tendrás mientras acunas a ese que llamabas Pepito en una mano, preguntándote si será posible coserlo de vuelta y si volverá a funcionar.
Yo había amado a una de esas muchachas. Se llamaba Mamila. Mi Mamila. Debes saber que cuando escribo su nombre dibujo muchos garabatos en la M y agrego florituras al final, porque aún el acto de escribir su nombre es perderse en la belleza sensual que exuda. Todavía en la noche más obscura decir su nombre encendería una estrella. Mamila… Mi Mamila.