Desertor interdimensional
Tráiler
Ya sabés como se escapan por todas las esquinas, los muy psicópatas; te persiguen por las alcantarillas, ¡malditos paranoicos!
Nos encontramos de vuelta en un puesto de frontera. ¿Cómo saber en qué dimensión? ¿¡Cómo saber en qué ciudad de qué dimensión!? Uno puede perderse si no se responde rápido esa pregunta, porque los puestos de frontera son también los lugares donde el universo se pliega sobre sí mismo. Nadie sabe por qué. Bueno, sí se sabe, pero se necesita demasiada matemática para explicarlo y nadie lo entendería. Lo cierto es que están ahí, con su hotel de mala muerte, con sus niños marginales y su puesto de Coca Cola. Y el casino atestado de prostitutas con flamencos en las esquinas. Siempre iguales. Si no sabés con seguridad en qué ciudad de qué dimensión está tu puesto de frontera, te perdés en el continuum y luego solo hace falta recordar una dimensión cualquiera para viajar o simplemente salir caminando para ver dónde te dejó el absoluto azar.
Aplasto un cigarrillo y se cruza una rata entre mis piernas. Pienso, pienso, pienso. Sé en qué ciudad estoy, entonces no puedo viajar, ¿Cómo hacer para ignorarlo? ¿Cómo olvido el nombre de un lugar que está escrito con sangre bajo mis ojos? Si me golpeo la cabeza hasta estar inconsciente, capaz me provoque amnesia, pero si alguien me lleva por error a un hospital, o peor, si la policía dimensional me encuentra, sería el fin de mi vida. Porque acababa de provocar una masacre interdimensional.
Había asesinado con infinita violencia a infinitas personas en los infinitos multiversos. Porque cuando alguien actúa con violencia en un puesto de frontera, cuya esencia es la paz imperturbable, entonces su acto se hace eco en todas las dimensiones. Y yo había asesinado a ese chulo. Lo había matado bien muerto y después le saqué la lengua con la que había insultado a mi Mamila, y se la di a los perros junto con sus testículos antes de matarlos a ellos también, justo antes de prenderle fuego al cuarto y quedarme hasta oler su carne asarse en la cama.
Oh, sí, lo había hecho y lo había disfrutado. Con su boca aceitosa manchó los labios de mi Mamila, y eso es algo que este soldado no va a olvidar. O debería decir… desertor. Sí, eso es. YO SOY EL DESERTOR INTERDIMENSIONAL.