El mariachi y el Gamberro llorón

Fragmentos del Desertor Interdimensional

El mariachi

“Un verdadero mariachi llora en canciones”, dijo y apuró el vaso. “Se hace el macho y se aguanta. Se traga las lágrimas”. Y sus ojos vidriosos parecían en verdad campos gravitacionales que mantenían atrapado al llanto.

“En la ceremonia de iniciación, las últimas lágrimas que llorará el futuro mariachi, se mezclan con tequila. La banda toca un himno al Gusano del Mezcal, Dios máximo de nuestras tierras (harto Jalisco tenga su nombre) y al final se prende fuego a una virgen” Dice, como si buscara los recuerdos en un par de estrellas drenadas por un agujero negro que se curvaban en el horizonte.

Gamberro Llorón

“Ese balalao tiene candombe duro, agrisale la esquina que se engulle una truga. Y tú no te pongas mamón, que se te engancha la panocha de mermeladas. No retrinquen, weyes, que me parsero la kruppa. La gonorrea se canuta en tu marchón mientras te camelas las uñas, mamá”.

Ese era Gamberro Llorón, el más alto de los tres. Se jactaba de ser extranjero en todos los países del globo. Pero como a veces estaba en tres lugares a la vez, no sabía con qué acento engañar, y terminó hablando un lunfardo inventado que nadie podría descifrar viéndolo escrito. Nunca sabremos que era una “capuera ahuevada” o un “grimorio chingón”, tampoco que significaba “Encuerada de panochas”, pero en su voz y en su expresión sabíamos exactamente a qué se refería. “Muévete más rápido. Cuidado con la roca. Pasame mis cigarros”, órdenes claras, comentarios concisos, tipo: “Me encanta como mueve la cintura”. Siempre bromeábamos (en broma, pero en serio) en que, cuando sea viejo, no necesitaría ni mirarte para comunicarte lo que sea. Bastaría con que piense en ti.

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