¿Calle, qué calle?

Este texto está basado en una ristra de tuits que hice en su día. Agradezco a aibeltranmoreno que me animó a hacer un textillo.

Cuando se habla de “la calle”, en contraposición, por ejemplo, a las instituciones, habría que ser más explícito con qué se entiende por “calle”. ¿Estamos hablando de movilizaciones o estamos hablando de la creación de un tejido social autónomo y autosuficiente? Es evidente que ambas cosas son necesarias y que lo interesante es saber crear sinergias entre ambos procesos. Ahora bien, ciertos sectores de la izquierda o del anarquismo tienen una visión de “la calle” mucho más centrada en la movilización, en sacar gente a la calle para protestar en manis o marchas o a “tomar las plazas”, etc.

Sin embargo, unas y otras son sólo una parte de un repertorio de contención que debería ser mucho más amplio. Como tal, son aplicables a ciertas luchas y momentos y sobre todo a ciertas correlaciones de fuerzas que permiten su desarrollo ascendente y, en último término, condicionan su efectividad. No se puede plantear una y otra vez la calle, entendida como movilización, sin plantearnos críticamente sus condiciones de posibilidad, sus objetivos y, sobre todo, sus límites.

Existe, sin embargo, otro conjunto de conflictos frente a los que esta calle es más un recurso simbólico que otra cosa. Por ejemplo, frente a una hipotética expulsión del euro o ataques especulativos de los mercados, o frente a manifestaciones extremas de la crisis ecológica de poco vale movilizarse. ¿A quién y para qué interpelas?

Ahí lo que realmente puede marcar la diferencia es la capacidad y la fuerza de ese tejido social al que nos referíamos antes, lo que es decisivo es la creación de unas redes capaces de sostener, aunque sea de forma parcial, incompleta y contradictoria, las condiciones y relaciones que permiten la reproducción social. Llamadlo soberanía, llamadlo contrapoder o autonomía, pero sin esas redes “al margen” el límite de lo posible es tremendamente estrecho

Creo que parte de la “capitulación” de Syriza se explica por esto y no sólo, o no tanto, por la “traición” o “cobardía” de sus dirigentes. Ojo, traiciones de los partidos a los movimientos sociales, y en el seno de los mismos movimientos sociales aun fuera de las instituciones, las ha habido siempre, las habrá y seguramente las hubo en Grecia.

A lo que me refiero ahora es que no es difícil ver que una salida del euro es, a corto plazo, un caos social. ¿Qué fuerzas materiales reales tienes para afrontarlo? ¿Qué piensas hacer cuando haya desabastecimiento de alimentos o energético? ¿Y con más 50% de la policía votando a Amanecer Dorado en Atenas?

El problema de Syriza no es cuando te hacen enseñar las cartas en el Eurogrupo, sino cuando decides jugarte una mano de farol. Llegado el momento en qué te ven la apuesta no hay mucho más que puedes hacer. Tienes las cartas que tienes.

¿Y ahora qué? Te derrotan, has aplicado los recortes y reformas que decías no ibas a aplicar (algunos de los cuales históricos a los que no se había atrevido o no había podido la derecha) tu intención de voto ha caído más de un 10% y ha extendido la sensación de derrota. Es posible que Syriza haya contado con un cierto margen de maniobra que mínimamente haya hecho ciertos recortes menos duros que los que hubiese hecho ND, no lo sé, pero en este caso a la derrota material se suma una derrota a nivel anímico y simbólico de gran calado. Creo que leí a Manuel Sacristán, a propósito de la vuelta a la austeridad por parte del gobierno de izquierdas de Miterrand en 1983 (el llamado Tournant de la rigueur) que él podía entender que un gobierno de izquierdas, derrotado, aplicase unos recortes obligado por las circunstancias para minimizar el daño de los mismos, pero que entonces se reconociese, que se dijese como tal, no que se vendiese como “lo necesario” o como “una victoria”.

Una cuestión clave aquí es ¿esta derrota de Syriza se podía saber con certeza? Pues seguramente no. Ahora bien, ¿se podía intuir? Probablemente sí. Pero sobre todo la cuestión es ¿se tomaron medidas para ese caso? Pues ni idea…

Desde una perspectiva anticapitalista y antiestado no es que me interese especialmente si se podría saber o no esto de la capitulación de Syriza, pero creo que es fácilmente extrapolable a muchos otros escenarios. Desde una simple manifestación al famoso “ir a por el todo” del 36.

Quiero decir, debemos plantearnos cómo poder manejar este tipo de incertidumbres y pensar en el “qué pasa sí” frente a simplemente confiar en que las cosas irán como a uno le gustaría o convendría que fueran.

Al final, esto es una manifestación concreta de una de las cosas que me obsesionan últimamente, que son las condiciones materiales de lo que es posible o no políticamente en un momento dado. Creo que es posible y necesario contraponer en cada momento tanto al voluntarismo discursivo “populista”, que se basa en mayor o menor medida en la construcción de relatos y en la autonomía de lo político, como al voluntarismo maximalista “revolucionario” la perspectiva de las condiciones materiales de la emancipación posible. Una perspectiva que se adentra en una zona gris y llena de incertidumbres que, en general, se ha utilizado para justificar la realpolitik y combatir a las alternativas más radicales y que, sin embargo, es la base de la que debería partir cualquier análisis que se pretenda verdaderamente materialista.