Mentiras
Tengo que confesar que nunca fui muy fanático de las películas de Disney y tal vez sea por eso que sus enseñanzas del tipo "si mentís te va a crecer la naríz, como a Pinocho" nunca llegaron a formar parte de mi maduración.
Pero no estás leyendo esto para enterar de qué hacía cuando era chico, sino para…bueno, vos sabrás por qué estás leyendo este blog. El punto es que empecé a reflexionar sobre la mentira en sí, es decir, las razones que hacen que nosotros, todos nosotros, digamos mentiras casi todos los días de nuestra vida.
No se trata de una crítica ni nada por el estilo, estoy partiendo de la base de que todos mentimos (algunos más, otros menos y otros demasiado) y no estoy realizando ningún juicio de valor ni moral.
Les decía que me puse a pensar en qué nos motiva a mentir, cuál es el origen verdadero de la pulsión a mentir. Claramente lo que sigue es una opinión personal y nada más, pero tal vez los haga pensar como a mi: la verdadera razón de porqué mentimos es evadir la realidad. Nos resulta intolerante que las cosas sean de cierta forma, y al no poder lidiar con ellas, con lo que realmente son, decidimos mentir. Decimos que si a planes que no nos gustan por no quedar mal con alguien, decimos que hacemos esto o aquello así no decepcionamos a alguien que nos importa, decimos que tenemos más experiencia de la real para conseguir un trabajo, decimos, decimos, decimos…
Ahora bien, al margen de si mi hipótesis parece válida o no, me puse a reflexionar sobre los diferentes niveles de mentiras que todos decimos. Porque digamos la verdad, no es lo mismo decir "estoy llegando en 5" cuando todavía no saliste de tu casa, que decirle a tu pareja "estoy embarazada" cuando sabés muy bien que no lo estás. Y es entonces que me di cuenta de algo tan real como cierto: las peores mentiras, las que duelen y dejan marcas, las que lastiman fuerte y con las que resulta más dificil vivir no son aquellas que decimos a otras personas, no, las peores de todas son las que nos decimos a nosotros mismos.
"Cada nuevo día, trae consigo un nuevo par de mentiras, aunque las peores son las que nos decimos a nosotros mismos. Nos las decimos en la oscuridad, justo antes de irnos a dormir. Nos decimos a nosotros mismos que somos felices, o que el resto es felíz. Que podemos cambiar quienes somos, o que el otro va a cambiar por nosotros. Intentamos convencernos de que podemos vivir con nuestros pecados, o que podemos vivir con los de los demás. Sí, cada noche nos mentimos, en un desesperado intento de que a la mañana siguiente, todo se haya vuelto realidad".
Las peores mentiras son las que nos decimos a nosotros mismos porque son justamente eso, mentiras. Son un engaño, nos engañamos a nosotros mismos, realizamos un acuerdo tácito e inconsciente en el que jugamos a creer la mentira. Tarde o temprano, nos damos cuenta. Ya no podemos mirar para otro lado. Asumimos entonces la verdad, una verdad que siempre supimos que existía.
Podemos no estar de acuerdo en por qué mentimos, pero la verdadera pregunta es, una vez que no hay más mentiras, ¿qué hacemos con la verdad?.