Aprendiendo a Caminar.

Cuando empezamos a hablar sobre el camino a la evolución uno se pregunta si realmente sabemos o tenemos idea de lo que estamos hablando, creemos que “el camino” al éxito está en nuestras carreras o en qué tan exitosos podemos ser, cuánto dinero podemos llegar a tener para poder vivir una vida cómoda y “feliz”.

Yo, al igual que muchos de ustedes, creí eso por muchos años. Vivía en un círculo muy triste con muchos pensamientos positivos y negativos que llegaban a mi cabeza, no sabía por dónde ir, ni qué hacer. Había acabado mi carrera, me había graduado, tenía un buen trabajo pero no me sentía yo, no había nada que me llenara, me sentía vacía. Ésta pregunta sobre cuál es mi camino venía constantemente a mi mente: ¿Quién soy? ¿Para qué he venido? ¿Cuál es mi misión en esta vida?

Éstas constantes preguntas que te hace la mente, juegan en contra de nuestras creencias, nuestra realidad. Obviamente uno piensa, nacimos para tener una familia, un buen trabajo, viajar, divertirnos, hacer buenos amigos, compartir experiencias, etc. Pero, en mi mente siempre había algo más, algo que me decía cuestionar por qué todo el mundo tiene que pensar igual, por qué no pueden existir otras formas de ver las cosas, de ser feliz, algo que me llene más. Todo esto, claro va bajo mi propio criterio de la vida, mi propio juicio, mi propia manera de ver las cosas, mi experiencia. Estoy totalmente de acuerdo con que hay mucha gente que es feliz en su camino, como ellos lo ven, y lo respeto y admiro. Cada uno es dueño y maestro de su propia verdad, de su forma de ver el mundo y las cosas.

Me di cuenta a través de los años (y no son muchos), que la base de mi felicidad es el amor, poder tenerlo y saberlo dar. Me di cuenta a través de muchos experimentos conmigo misma, poniéndome en muchas situaciones de la vida, que las personas sin amor, nos volvemos locas.

Empecé mi experimento formando una ONG, duró poco pero fue una experiencia increíble. Ayudamos a muchos niños, me sentí la persona más feliz del mundo; pero, al poco tiempo entré en una crisis: necesitaba algo más. Sentí que mi camino ahí no había empezado ni acabado, pero que para ayudar a los demás primero tenía que aprender a ayudarme a mí, aprender de mí, amarme a mí y yo no estaba del todo bien.

Al poco tiempo entré a Lima Yoga, no tenía idea de lo que hacía pero quería probar, quería sentir, empecé como asistente de estudio, quería aprender a ir contra mi ego, y aprender a servir a los demás y realmente servir, atender, limpiar, escuchar, comprender, etc. Jamás lo había hecho, nunca había doblado una toalla ni limpiado un piso, con las justas el de mi cuarto y eso! Y por más que no era mucho de mi agrado, quería aprender y experimentar el poder hacerlo.

Logré muchas cosas interesantes, me di cuenta de que tenía un contacto increíble con las personas, llegaba muy fácilmente a ellas, podía hacer mil cosas a la vez, desde limpiar un baño hasta atender en la tienda, tomar asistencias, organizar eventos, etc. Hacía todo en 30 minutos, me sentía agotada, pero quería aprender a servir.

Muchas veces, antes del cierre, me sentaba sola en el salón de Yoga prenatal y lloraba, lloraba con muchas fuerzas, estaba todo oscuro me sentía sola, agotada, con ganas de renunciar y tirar todo a la borda, pero algo en el fondo nuestra vocecita interior que siempre nos acompaña, me decía esto es parte de tu aprendizaje quiérelo, ámalo, vívelo, estoy siempre acá contigo no te dejo sola nunca.

Al servir a los demás encuentras el verdadero amor, aprendí que ahí, dentro de ese cuarto sentada en el suelo llena de lágrimas, estaba aprendiendo lo que era el verdadero amor. Pasaban los días y las cosas empezaron a cambiar, en cuanto cambié de chip y empecé a verlo de otra manera, me iba tan feliz a mi casa como en ningún otro trabajo. Me pagaban poco, pero la sonrisa que dejaba en la cara de las personas después de hablar horas, escuchar muchas historias, etc.hacía que todo valiera la pena.

Me encontré con cada personaje!, desde señoras muy amables, hasta señoras que llegaban al estudio llenas de problemas y me gritaban por todo! , así como señoras que me contaban sus penas y me lloraban. Mi trabajo se trataba de eso, de tolerar, de tener paciencia, de sonreírles y decirles que todo iba a estar bien, yo estoy aquí para oírte, estoy aquí para ti.

Duré casi un periodo de 6 meses, conocí a excelentes personas, muy buenos amigos y maestros que me enseñaron muchísimas cosas y a los cuales les agradezco muchísimo todo el amor y cariño que me dieron. Mi camino no terminó ahí, quería aprender más.

Me enamoré del Yoga hace un año atrás por una muy buena amiga que, durante una de mis crisis existenciales, me ayudó con una hermosa clase a la luz de las velas. En ese momento, tirada sobre el mat en profundo savasana sabía que iba a ser parte de mi vida pronto. Al culminar mi trabajo en Lima Yoga, me di cuenta que debía hacer mi profesorado, me enamoré de las clases de muchas profesoras, me di cuenta de que quería aprender a servir y dar tanto amor como lo hacían ellas en cada una de sus clases, me identificaba muchísimo. Sobre todo porque, a ver, somos seres humanos, muchos tenemos enamorados, muchos no; muchos recibimos amor en la familia o amigos, muchos no; muchos ni siquiera sabemos cómo recibirlo, ni cómo darlo, por equis motivos generalmente la palabra mágica es “el miedo”, gran obstáculo y peor enemigo del amor.

Entonces, al llegar a un estudio de Yoga y sentir una experiencia vívida de amor, te das cuenta de que lo tienes ahí dentro bien guardadito como un regalito que aún no has abierto dentro de tu corazoncito y cuando lo abres VOILA! No quieres dejarlo ir nunca más! Pero, como toda plantita, hay que regarla para que crezca y florezca.

Muchas personas lo encuentran en diferentes sitios, iglesias, retiros, grupos de oración, deporte etc. Yo lo encontré en el Yoga y también quería aprender a transmitirlo. Si bien aún estaba medio perdida, me metí al profesorado de las 200 horas de Vinyasa Power Yoga de Fred Busch en Lima Yoga, aprendí muchísimo, fue una experiencia increíble, jamás pensé vivirla y sentirla así. Conocí también a personas increíbles, grandes maestros.

All salir de ahí me sentí muy en paz conmigo misma, pero aún habían miedos, probé todo para sacarlos: libros, ceremonias de ayahuasca, meditaciones largas y profundas, irme a discotecas, tomar alcohol, en fin, probé miles de cosas tanto para ver mis miedos, como para taparlos con un dedo; pero todas estas experiencias, como ir a una clase de yoga resaqueda, vivir una meditación profunda y luego tener una mente lúcida y sorprendente, comer vegano y sentirme más vital que nunca, como empacharme con carne y sentir que no podía caminar por una semana!

Lo probé todo, si bien lo había leído en mi profesorado, lo había estudiado, lo había entendido, una parte de mi ser me decía “¿por qué voy a ser mejor yogui si como carne o como vegano, si me juergueo o me quedo meditando en mi casa? ¿qué me hace mejor o peor?”

Lo aprendí, lo viví, y me sorprendí con mis propias experiencias para después contarlo y entender que somos seres humanos y el camino lo hacemos cada uno con nuestros pensamientos. Un pensamiento te lleva a una acción una acción te lleva a un hábito y un hábito te lleva a una realidad, y si bien después de experimentar con todo, después de mi profesorado, entendí que todos cometemos errores, nadie es de madera, sufrimos crisis existenciales todos los días, pero lo único que te mantiene vivo, lo único que realmente te hace feliz es calmar tus pensamientos, poner en pausa tu mente y apreciar ese silencio que esta ahí dentro muy guardadito dentro de tu ser que se llama. amor y dar amor en servicio a los demás.

Desperté y me di cuenta de que debo cambiar mi estilo de vida no sólo porque quiero ser la mejor profesora y dadora de amor para mis alumnos si no porque soy un ser humano en busca de dar y sentir felicidad en el amor y ese es el único camino a nuestra verdadera evolución.

, cometí errores, aprendí de ellos pero mañana es un nuevo día, acepta tus. errores, quiérelos, engríelos , amálos porque ellos son tus mejores maestros, todos los días aprendo de ellos, mi felicidad hoy en día cuando me levanto es ir a dictar una clase y. ver a mis alumnos felices al final de la clase y que me digan con sus ojitos llenos de luz, muchas gracias, me siento increíble! Se que soy un ser humano, aún me queda mucho por aprender y recorrer en esta vida pero todas las personas que me encuentro en este camino, cada una de ellas son únicas y especiales son mis grandes maestros porque através de ellos me entiendo yo, me sano yo y aprendo de mi, y así es la única manera de entender, sanar y aprender a los demás porque todos somos el espejo de cada uno. Un día nos dan un pie de manzana, nos dicen córtalo, tienes el pedazo contigo y luego te preguntan que es y tu dices obvio es un pie de manzana, porque? Porque lo corte del pie de manzana, Es lo mismo con nosotros, quienes somos de donde venimos, somos parte de una fuente poderosa de amor por lo tanto hemos venido para darlo y lo tenemos dentro de nosotros. y de eso vivimos. Hay que darnos cuenta que cada persona que se nos cruza es una enseñanza, un nuevo aprendizaje, una pieza esencial para seguir nuestro camino a la evolución, cual sea que sea tu camino sea por donde decidas ir, acuérdate de hacer de tu trabajo algo que te apasione y que puedas servir de la mejor manera posible a través de él ya sea dejando una pequeña sonrisa, solo así entendí lo que es el amor verdadero y las señales para seguir en mi camino a la evolución.

Nicole Gramegna